Era de temer, ya hace tiempo que yo lo sospechaba. El cambio climático y todas esas zarandajas han acabado reblandeciendo el cerebro a más de uno. Eso o hemos de suponer que muchos ya nacen con ideas chorras de serie, que también pudiera ser.
El caso es que ahora todos los dirigentes de la cosa ésa, mayormente conocida como (jejeje) Unión Europea, han visto la luz y se han reciclado en furibundos defensores de la Naturaleza. ¡Toooma! La Merkel parece Teresa de Calculta y Blair se nos ha reconvertido en una versión hip hop de Gandhi , sólo le falta la huelga de hambre. Hasta el mismísimo Jacques Chirac, el de las bombas atómicas en los atolones, ahora es un furibundo defensor de la capa de ozono. No es de extrañar que en la actualidad resulte de lo más ecológico defender el uso de las centrales nucleares, que según ellos son más limpias. ¿Y los residuos que generan, y las limitadas existencias de uranio que se agotan? Pa mear y no echar gota, vamos.
Pero lo más divertido en este juego de despropósitos es ver a Bush correteando por Brasil a ritmo de samba, abrazado a ese oso panda que ha resultado ser Lula, mientras defiende (ey, de-fi-en-de, con un par, ele) la no contaminación del planeta. Su solución es simple: utilizar el etanol, que es biodegradable. En este cambio no tiene nada que ver el hecho de que ese otro histrión, Hugo Chávez, controle gran parte del petróleo. No, es que Bush se ha vuelto ecologista. ¿Cómo os ha quedado el cuerpo?
Uno sin duda es tonto, pero sabe que el etanol proviene, principalmente, de la caña de azúcar o del maiz. Si hacemos una pequeña operación matemática para saber las toneladas de caña de azucar o maiz que harían falta cultivar para abastecer de etanol los motores de todas las industrias y todos los vehículos que en el mundo existen... Vale, tal vez se puede hacer. Pero, ¿qué comeríamos nosotros entonces? Si los campos de cultivo se utilizan para crear combustible, ¿dónde vamos a plantar tomates y otras hortalizas para consumo humano? Pues en mis cuentas hay muchas más bocas que motores. Será que no domino las mates, seguro.
Y ya puestos a los despropósitos, me entero que un científico de Nueva York (de donde si no) se ha inventado la solución definitiva al problema. Bueno, de hecho se la inventó su hija pequeña, para que luego nos quejemos de los mocosos. ¿Cuál es la solución para absorber el CO2 de la atmósfera? Pues plantar árboles de plástico. Mira que era fácil.
El amigo Lackner, así se llama el pájaro, tras observar el trabajo de ciencias de su hijita para la escuela, ha llegado a la conclusión que plantando árboles sintéticos todo se arregla. O sea que se trata de plantar toda una selva amazónica artificial, unos simples troncos que absorberían el dióxido de carbono y lo almacenarían bajo tierra de forma segura. Una solución de hidróxido de sodio impregnaría los troncos, haciendo que retuvieran el CO2 y produciendo una solución líquida de carbonato de sodio. La idea sería transformarlo luego en un gas, alamacenándolo en el fondo del mar, matarile, rile, rile.
Ya tenía razón ese gran humorista que era Pepe Iglesias El Zorro ("yo soy el zorro, zorrito...") cuando decía en uno de sus divertidos monólogos aquello de: "Era una familia tan moderna que hasta el perro tenía las pulgas de plástico". Pues eso, seamos nosotros también modernos.
Entre tanto ecologista de opereta y tanto sonado suelto al final no sólo los árboles, todo nuestro futuro será de plástico.
Y si no, al tiempo.
