Pues eso:
Cautivo y desarmado el Inconformismo, las fuerzas de la Uniformidad han alcanzado sus últimos objetivos.
Capitulaciones del intelecto
Desde el momento en que cogí su libro me caí al suelo rodando de risa. Algún día espero leerlo.
Groucho Marx.
Groucho Marx.
sábado, diciembre 19, 2009
domingo, diciembre 13, 2009
Libro de cabecera, libro de papelera
A estas alturas todo el mundo estará informado y habrá leído el Manifiesto "en defensa de los derechos fundamentales en Internet". Yo también, mira por donde. Y eso que a mí me cuesta leer las cosas por pantalla. Ahora sólo falta que lo haya entendido.
El caso es que la SGAE la ha vuelto a liar, siempre en su afán recaudatorio. Yo soy (pretendo ser) autor, pero no me siento Nada representado por una sociedad donde ponen en el mismo saco a autores y editores. Los unos con su "arte" y los otros con su "parte". Vamos, que ni tan sólo el autor más consagrado del mundo suele ganar entre un diez o (seamos ilusos) un quince por ciento de las ventas generadas por Su Obra. Así, en realidad la SGAE defiende más a los editores que a los autores, digamos que en una proporción de 9 a 1. ¡Jolines! Ya me gustaría jugar a la lotería con semejante posibilidad de acierto...
Ya sé, ya sé. Los editores (Los Graaaandes Editores Que Hacen Negocio Con La Cosa, también en esto hay clases) ponen la pasta y sin ellos no existiría ese libro que llega a los lectores. Pero es que semejante tinglado se está acabando, y ahí les duele. Internet ha logrado (bueno, casi) que no sea necesaria la figura del intermediario. Si un autor puede poner su obra en la Red, haciéndola llegar a los lectores sin necesidad de nadie más, sin duda el precio de la obra puede ser mucho, mucho, pero mucho más barato. Se podría adquirir/leer una novela por un par de euros... o incluso menos. ¡Si la mayoría de autores se daría con un canto en los dientes por cobrar ese importe por cada libro que su editor dice que vende!
Otra cosa. ¿Hasta qué punto es necesario, legal y ético que uno siempre cobre por cada copia de su obra? Y digo copia, no plagio, un tema muy diferente. Quiero decir que un autor debe cobrar por su trabajo de forma digna e igual que cualquiera, faltaría más. Pero llega un momento en que ese trabajo ya no le pertenece, forma parte del patrimonio universal. Entonces puede y debe cobrar si alguien lo utiliza como base para realizar otros proyectos remunerados (diferentes versiones, un guión para otro medio como cine o cómic, etc), pero si quien lo copia es alguien particular que lo hace sin ánimo de lucro... en teoría el autor ya debería haber cobrado por dejar su obra al alcance del público. Por supuesto, semejante planteamiento hoy en día es bastante utópico.
Un amigo mío me decía en una ocasión que todo el mundo habría de cobrar lo mismo por su trabajo. Si un futbolista, un cantante o un escritor, entre otros, cobraran idéntico sueldo que un albañil, un vendedor o un lampista (otros que tal), sin duda cada cual trabajaría en lo que le gustara de veras y no sólo ern aquello que le reportara más beneficio. Ya sé que es utópico, sólo lo pongo como ejemplo de lo que Debería Ser. Igual de escandaloso me parece que un futbolista cobre millonadas por hacer equilibrios con un balón, o que un editor o una discográfica se forren con las ideas/canciones de un autor, o que un golfista sea uno de los tíos con más millones del mundo, o que los inventores de Windows o Google naden en la abundancia porque el mundo se ha enganchado a Internet y ellos se han quedado con la llave.
Pero volviendo al tema que nos ocupa. El problema es que la literatura como tal ha muerto, o al menos está muy malita, no nos pongamos en lo peor. No hace muchos años era normal presumir de libro de cabecera, aquél que uno siempre tenía al alcance de la mano para volver a leer con fruición, buscando ese pasaje que tanto le había cautivado. No era raro haber leído una obra en cinco o seis ocasiones, incluso una docena de veces. Yo mismo tengo por casa libros que casi me sé de memoria de tanto releerlos. Pero semejante orden de cosas hace tiempo que ha pasado a la historia. Confesémoslo: ¿cuántos libros de los comprados, adquiridos o pirateados en el último par de años hemos vuelto a leer otra vez? ¿Dos o tres, sólo uno? ¿Tal vez ninguno? Estamos inmersos en la cultura del usar y tirar.
Y tal vez la culpa no sea toda nuestra. La propia literatura parece haber bajado el listón, se ha vuelto mediocre. Los propios best sellers que tanto se venden y fascinan no tienen excesiva calidad literaria, para qué nos vamos a engañar. ¿Leerlos otra vez, cuando ya no están de moda? ¡Ni locos! Son un peñazo. Y lo mismo pasa con las canciones, cualquiera las escucha cuando ya no suenan por la radio. No es de extrañar que la SGAE quiera sacar pasta de cualquier movimiento transversal entre el público internauta, hay que exprimirlo todo al máximo porque no hay más cera que la que arde. En el caso de los libros, la mayoría de ejemplares leídos acaban abandonados en un rincón de casa, hasta que estorban tanto que van a parar directamente al cubo de la basura... reciclados o no. Y eso hace que duela más el que nos quieran cobrar por su lectura.
Triste es, pero hoy en día ya no existen libros de cabecera. Más bien son libros de papelera. Y así nos va.
El caso es que la SGAE la ha vuelto a liar, siempre en su afán recaudatorio. Yo soy (pretendo ser) autor, pero no me siento Nada representado por una sociedad donde ponen en el mismo saco a autores y editores. Los unos con su "arte" y los otros con su "parte". Vamos, que ni tan sólo el autor más consagrado del mundo suele ganar entre un diez o (seamos ilusos) un quince por ciento de las ventas generadas por Su Obra. Así, en realidad la SGAE defiende más a los editores que a los autores, digamos que en una proporción de 9 a 1. ¡Jolines! Ya me gustaría jugar a la lotería con semejante posibilidad de acierto...
Ya sé, ya sé. Los editores (Los Graaaandes Editores Que Hacen Negocio Con La Cosa, también en esto hay clases) ponen la pasta y sin ellos no existiría ese libro que llega a los lectores. Pero es que semejante tinglado se está acabando, y ahí les duele. Internet ha logrado (bueno, casi) que no sea necesaria la figura del intermediario. Si un autor puede poner su obra en la Red, haciéndola llegar a los lectores sin necesidad de nadie más, sin duda el precio de la obra puede ser mucho, mucho, pero mucho más barato. Se podría adquirir/leer una novela por un par de euros... o incluso menos. ¡Si la mayoría de autores se daría con un canto en los dientes por cobrar ese importe por cada libro que su editor dice que vende!
Otra cosa. ¿Hasta qué punto es necesario, legal y ético que uno siempre cobre por cada copia de su obra? Y digo copia, no plagio, un tema muy diferente. Quiero decir que un autor debe cobrar por su trabajo de forma digna e igual que cualquiera, faltaría más. Pero llega un momento en que ese trabajo ya no le pertenece, forma parte del patrimonio universal. Entonces puede y debe cobrar si alguien lo utiliza como base para realizar otros proyectos remunerados (diferentes versiones, un guión para otro medio como cine o cómic, etc), pero si quien lo copia es alguien particular que lo hace sin ánimo de lucro... en teoría el autor ya debería haber cobrado por dejar su obra al alcance del público. Por supuesto, semejante planteamiento hoy en día es bastante utópico.
Un amigo mío me decía en una ocasión que todo el mundo habría de cobrar lo mismo por su trabajo. Si un futbolista, un cantante o un escritor, entre otros, cobraran idéntico sueldo que un albañil, un vendedor o un lampista (otros que tal), sin duda cada cual trabajaría en lo que le gustara de veras y no sólo ern aquello que le reportara más beneficio. Ya sé que es utópico, sólo lo pongo como ejemplo de lo que Debería Ser. Igual de escandaloso me parece que un futbolista cobre millonadas por hacer equilibrios con un balón, o que un editor o una discográfica se forren con las ideas/canciones de un autor, o que un golfista sea uno de los tíos con más millones del mundo, o que los inventores de Windows o Google naden en la abundancia porque el mundo se ha enganchado a Internet y ellos se han quedado con la llave.
Pero volviendo al tema que nos ocupa. El problema es que la literatura como tal ha muerto, o al menos está muy malita, no nos pongamos en lo peor. No hace muchos años era normal presumir de libro de cabecera, aquél que uno siempre tenía al alcance de la mano para volver a leer con fruición, buscando ese pasaje que tanto le había cautivado. No era raro haber leído una obra en cinco o seis ocasiones, incluso una docena de veces. Yo mismo tengo por casa libros que casi me sé de memoria de tanto releerlos. Pero semejante orden de cosas hace tiempo que ha pasado a la historia. Confesémoslo: ¿cuántos libros de los comprados, adquiridos o pirateados en el último par de años hemos vuelto a leer otra vez? ¿Dos o tres, sólo uno? ¿Tal vez ninguno? Estamos inmersos en la cultura del usar y tirar.
Y tal vez la culpa no sea toda nuestra. La propia literatura parece haber bajado el listón, se ha vuelto mediocre. Los propios best sellers que tanto se venden y fascinan no tienen excesiva calidad literaria, para qué nos vamos a engañar. ¿Leerlos otra vez, cuando ya no están de moda? ¡Ni locos! Son un peñazo. Y lo mismo pasa con las canciones, cualquiera las escucha cuando ya no suenan por la radio. No es de extrañar que la SGAE quiera sacar pasta de cualquier movimiento transversal entre el público internauta, hay que exprimirlo todo al máximo porque no hay más cera que la que arde. En el caso de los libros, la mayoría de ejemplares leídos acaban abandonados en un rincón de casa, hasta que estorban tanto que van a parar directamente al cubo de la basura... reciclados o no. Y eso hace que duela más el que nos quieran cobrar por su lectura.
Triste es, pero hoy en día ya no existen libros de cabecera. Más bien son libros de papelera. Y así nos va.
sábado, noviembre 28, 2009
Vídeo para el finde
Pues nada, ahí queda eso. Para que digan que sólo en EE.UU se hacen cosas buenas.
¿A que mola?
¿A que mola?
martes, noviembre 24, 2009
La cocina del infierno
Éramos pocos y parió la monja. ¡Peniténciate! Ahora nos sale la teóloga benedictina Teresa Forcades con su vídeo Campanas por la Gripe A, record de visitas en YouTube (se puede ser a la vez religioso y modelmo, qué caramba) y nos habla de la Teoría de la Conspiración. Así, a pelo, lo ha vuelto a manifestar durante un congreso celebrado este fín de semana en Barcelona, donde gente de todo pelaje ha llegado a negar no sólo la pandemia de gripe que nos acecha, también los atentados del 11-S.
Bien, sin llegar a semejantes extremos, uno debe reconocer sus dudas respecto a ciertas cuestiones oficiales que siempre me han parecido un poco (bastante) peliculeras. También soy de los que opinan que se ha exagerado sobremanera la tan cacareada pandemia y que de lo acaecido el acíago día del 2001 no sabemos ni la mitad. Sospecho, como la mayoría de gente, que las industrias farmacéuticas están haciendo su agosto a costa del miedo inducido de la población, vendiendo unas vacunas de dudosa eficacia y que por suerte sólo nos han de proteger contra la gripe, sea de la letra que sea.
En definitiva, menos histeria y más historia. Sin duda en los grandes fogones de las multinacionales están cocinando un caro guiso que nos quieren hacer tragar en forma de menú del día. ¿Crisis, qué crisis? ¡Vacúnate, caramba! No diré yo nada en contra, por supuesto, pero qué oportuna ha sido la gripe A para sanear ciertas cuentas de resultados. Y para mantener a la ciudadanía entretenida, que no todo ha de ser partidos de fútbol y/o escándalos político/financieros. Pan y circo en versión siglo XXI.
Lo cual me hace recordar la noticia que me han contado hace poco. Un cliente del Bulli de Ferrán Adriá, el mejor restaurante del mundo mundial, tras acabar su menú se comió la cuenta el otro día, creyendo que era uno de sus exquisitos y deconstuídos platos que le iban siriviendo. El hombre vió la presentación tan exquisita, con bombones y todo, que ni corto ni perezoso se zampó la nota con el precio. Ignoro si sus papilas gustativas le hicieron alcazar el éxtasis con semejante ingesta. Lo cierto es que al final no pagó por el ágape y todavía se hallan discutiendo la jugada, ahora de forma judicial. ¿Habrá encontrado este hombre una nueva vacuna para no pagar la cuenta? ¿Si te comes la nota quedas inmunizado contra la factura? Mmm. Habrá que preguntarle a la monja Forcades, a ver qué opina como experta.
Yo, por si acaso, seguiré comiendo simples bocatas. Y pagándolos...
Bien, sin llegar a semejantes extremos, uno debe reconocer sus dudas respecto a ciertas cuestiones oficiales que siempre me han parecido un poco (bastante) peliculeras. También soy de los que opinan que se ha exagerado sobremanera la tan cacareada pandemia y que de lo acaecido el acíago día del 2001 no sabemos ni la mitad. Sospecho, como la mayoría de gente, que las industrias farmacéuticas están haciendo su agosto a costa del miedo inducido de la población, vendiendo unas vacunas de dudosa eficacia y que por suerte sólo nos han de proteger contra la gripe, sea de la letra que sea.
En definitiva, menos histeria y más historia. Sin duda en los grandes fogones de las multinacionales están cocinando un caro guiso que nos quieren hacer tragar en forma de menú del día. ¿Crisis, qué crisis? ¡Vacúnate, caramba! No diré yo nada en contra, por supuesto, pero qué oportuna ha sido la gripe A para sanear ciertas cuentas de resultados. Y para mantener a la ciudadanía entretenida, que no todo ha de ser partidos de fútbol y/o escándalos político/financieros. Pan y circo en versión siglo XXI.
Lo cual me hace recordar la noticia que me han contado hace poco. Un cliente del Bulli de Ferrán Adriá, el mejor restaurante del mundo mundial, tras acabar su menú se comió la cuenta el otro día, creyendo que era uno de sus exquisitos y deconstuídos platos que le iban siriviendo. El hombre vió la presentación tan exquisita, con bombones y todo, que ni corto ni perezoso se zampó la nota con el precio. Ignoro si sus papilas gustativas le hicieron alcazar el éxtasis con semejante ingesta. Lo cierto es que al final no pagó por el ágape y todavía se hallan discutiendo la jugada, ahora de forma judicial. ¿Habrá encontrado este hombre una nueva vacuna para no pagar la cuenta? ¿Si te comes la nota quedas inmunizado contra la factura? Mmm. Habrá que preguntarle a la monja Forcades, a ver qué opina como experta.
Yo, por si acaso, seguiré comiendo simples bocatas. Y pagándolos...
sábado, noviembre 21, 2009
Quien tiene un amigo, tiene un facebook
Resulta extraño, pero tengo un amigo que no está en Facebook. Al menos uno, añado, porque nunca se sabe, ni todo lo que hacen los amigos, ni todo lo que corre por Facebook. Sea como fuere, después de recibir en su correo electrónico tropecientos mensajes con el consabido "Visita mi perfil de Facebook" mi amigo comienza a estar un poco harto del tema. No sabe qué hacer para que le dejen tranquilo, y eso que no tiene el más mínimo interés en unirse a ninguna de las mal llamadas redes sociales, las cuales tienen mucho de redes pero poco de lo otro. Y eso que, como digo, él no se mueve por el muro ni recibe "sugerencias" para aumentar las amistades y/o hacerse seguidor de Esto o Aquello.
El caso es que yo le entiendo muy bien. De hecho no hace mucho que un servidor se ha unido a la Cosa y también empiezo a estar hasta la coronilla. Seamos sinceros: el 99 por ciento (y soy generoso) de los comentarios que se escriben en el dichoso muro son banalidades, paridas y ganas de pasar el rato, la mayoría escrito por gente que se aburre en casa o en el trabajo y tiene acceso a Internet. Lo que por norma suele escribirse resulta un cruce entre el diario chorras de Bridget Jones y los mensajes de las galletitas de la fortuna chinas. Por supuesto, también está el aspecto comercial; se montan grupos para "vender" cualquier cosa o idea, desde el (presunto) talento de un artista, pasando por la típica página web o revista electrónica. Particular atención merecen esos grupos variopintos que se crean, lo mismo para salvar focas que para arrearle guantazos a Ramoncín y quemar la SGAE. Yo mismo he intentado utilizar Facebook para publicitar mi última novela, aunque con bastante poco tino por lo que parece. Tal vez porque tampoco soy demasiado buen vendedor...
Resumiendo, tal y como lo veo Facebook (o Tuenti, o MySpace, todos son iguales) es una especie de gigantesco puzzle de propaganda donde se puede publicitar cualquier cosa, desde un producto a una persona, un objeto, un libro, etc, dirigiéndose a un sector determinado que puede ser "cliente potencial". Vamos a ver si me explico bien. Hasta ahora, la gente dedicada al extraño oficio del marketing, los creadores de necesidades inexistentes, esos seres capaces de venderte cualquier cosa, eran cazadores de presas que salían al monte, agazapándose en la oscuridad para saltar sobre cualquier "comprador potencial" que pasara. Si por casualidad u olfato encontraban una manada, estupendo, más fácil y mucha más caza. Ahora, gracias a las redes sociales, digamos que el cazador se ha convertido en pastor. Reúne un buen rebaño, lo junta tras una buenza cerca, y ya lo tiene a su disposición sin necesidad de ir a perseguirlo por ahí. Sin duda el publicista ha evolucionado, ha dejado de ser nómada para convertirse en sedentario. El siguiente paso, que también se está dando desde hace tiempo, es la doma y cría de compradores domesticados, los cuales obedecerán sin titubear las órdenes dadas.
Vale, como experimento sociológico Facebook y demás redes resultan muy interesantes. Pero como forma de comunicación con los "amigos"... ¿qué queréis que os diga? Me saben bastante a timo. ¿Tener cien, doscientos, trescientos amigos? ¡Menos lobos! ¿Cuántos de esos presuntos amigos no pasarían al lado de uno por la calle y ni siquiera saludarían? Podemos hacer la prueba. En cambio, por la red tienes que decirles qué estás haciendo casi a cada momento, mantenerles al día de cualquier nimiedad. Y viceversa, por lo que todo ese tejemaneje colapsa tu bandeja de entrada del correo. Mensajes tontos a matar: "Fulanito ha comentado una foto de Menganito". Fabuloso. "Zutanito te ha mandado una invitación para la Parida de Turno". ¡Jo, qué plasta! En fin, no es de extrañar que cada vez más gente se salga del invento y cierre su perfil. Además, Facebook acaba de salir a Bolsa. ¿Cuál puede ser el producto que tengan para vender y subir su cotización? Sólo se me ocurre uno: los datos facilitados por los perfiles de sus usuarios.
Total, que hasta la fecha ya tengo varios amigos hartos de Facebook, un servidor entre ellos. Normal, es una moda y como tal pasará. Por mi parte, prefiero tener los amigos en vivo y en directo, a ser posible con una cerveza de por medio. Pero es que soy muy rarito.
El caso es que yo le entiendo muy bien. De hecho no hace mucho que un servidor se ha unido a la Cosa y también empiezo a estar hasta la coronilla. Seamos sinceros: el 99 por ciento (y soy generoso) de los comentarios que se escriben en el dichoso muro son banalidades, paridas y ganas de pasar el rato, la mayoría escrito por gente que se aburre en casa o en el trabajo y tiene acceso a Internet. Lo que por norma suele escribirse resulta un cruce entre el diario chorras de Bridget Jones y los mensajes de las galletitas de la fortuna chinas. Por supuesto, también está el aspecto comercial; se montan grupos para "vender" cualquier cosa o idea, desde el (presunto) talento de un artista, pasando por la típica página web o revista electrónica. Particular atención merecen esos grupos variopintos que se crean, lo mismo para salvar focas que para arrearle guantazos a Ramoncín y quemar la SGAE. Yo mismo he intentado utilizar Facebook para publicitar mi última novela, aunque con bastante poco tino por lo que parece. Tal vez porque tampoco soy demasiado buen vendedor...
Resumiendo, tal y como lo veo Facebook (o Tuenti, o MySpace, todos son iguales) es una especie de gigantesco puzzle de propaganda donde se puede publicitar cualquier cosa, desde un producto a una persona, un objeto, un libro, etc, dirigiéndose a un sector determinado que puede ser "cliente potencial". Vamos a ver si me explico bien. Hasta ahora, la gente dedicada al extraño oficio del marketing, los creadores de necesidades inexistentes, esos seres capaces de venderte cualquier cosa, eran cazadores de presas que salían al monte, agazapándose en la oscuridad para saltar sobre cualquier "comprador potencial" que pasara. Si por casualidad u olfato encontraban una manada, estupendo, más fácil y mucha más caza. Ahora, gracias a las redes sociales, digamos que el cazador se ha convertido en pastor. Reúne un buen rebaño, lo junta tras una buenza cerca, y ya lo tiene a su disposición sin necesidad de ir a perseguirlo por ahí. Sin duda el publicista ha evolucionado, ha dejado de ser nómada para convertirse en sedentario. El siguiente paso, que también se está dando desde hace tiempo, es la doma y cría de compradores domesticados, los cuales obedecerán sin titubear las órdenes dadas.
Vale, como experimento sociológico Facebook y demás redes resultan muy interesantes. Pero como forma de comunicación con los "amigos"... ¿qué queréis que os diga? Me saben bastante a timo. ¿Tener cien, doscientos, trescientos amigos? ¡Menos lobos! ¿Cuántos de esos presuntos amigos no pasarían al lado de uno por la calle y ni siquiera saludarían? Podemos hacer la prueba. En cambio, por la red tienes que decirles qué estás haciendo casi a cada momento, mantenerles al día de cualquier nimiedad. Y viceversa, por lo que todo ese tejemaneje colapsa tu bandeja de entrada del correo. Mensajes tontos a matar: "Fulanito ha comentado una foto de Menganito". Fabuloso. "Zutanito te ha mandado una invitación para la Parida de Turno". ¡Jo, qué plasta! En fin, no es de extrañar que cada vez más gente se salga del invento y cierre su perfil. Además, Facebook acaba de salir a Bolsa. ¿Cuál puede ser el producto que tengan para vender y subir su cotización? Sólo se me ocurre uno: los datos facilitados por los perfiles de sus usuarios.
Total, que hasta la fecha ya tengo varios amigos hartos de Facebook, un servidor entre ellos. Normal, es una moda y como tal pasará. Por mi parte, prefiero tener los amigos en vivo y en directo, a ser posible con una cerveza de por medio. Pero es que soy muy rarito.
jueves, noviembre 12, 2009
El placer privado
Interesante cuestión la que nos plantea la polémica campaña llevada a cabo por la Junta de Extremadura... Y aquí cabe el chiste típico de que sea precisamente Extrema y Dura la comunidad que lance para los jóvenes sus "enseñanzas sobre masturbación".
Bueno, dejemos aparte la polémica sobre si es ético o conveniente que los organismos públicos se entromentan en nuestros asuntos privados, queriendo aleccionar sobre cómo ligar o cómo masturbarnos. A estas alturas, y con mis limitaciones, un servidor ya acepta consejos de cualquiera...
Pero es que el tema me ha hecho recapacitar un poco, mira por dónde. Tras navegar un rato por Internet, leer las noticias de la prensa, con su cada vez mayor sección de contactos, zapear por la tele recalando en Grandes Hermanos, Salvames varios y "programas" similares, incluso viendo ciertos anuncios de coches, desodorantes o compresas, uno llega a la conclusión de que el sexo ya está en plena calle, siempre bajo la luz de los focos. Se practican kikis casi a la vista de todo el mundo, con o sin edredón. ¡Qué lejos queda el tiempo en que Nina Hagen escandalizaba al personal alemán, explicando por la tele cómo se masturbaba! El sexo se ha popularizado, aunque por desgracia también se ha vulgarizado, se ha tornado tosco. Es un "aquí te pillo, aquí te mato" que nos asalta todos los días desde cualquier esquina.
Hoy en día, en una sociedad tan exibicionista como la nuestra, tan sólo existe un ejercicio onanista que se realice en privado, en la más absoluta intimidad, siempre a escondidas y sin publicidad. Se trata de una práctica que sólo es ejercitada por un sector cada vez más pequeño y marginal de la población. Por supuesto, me estoy refiriendo al "vicio" de la lectura. Un genuino placer solitario que, por lo que parece, muy pocos saben practicar en la actualidad. Una pena.
¿Tendrían que dedicarle más campañas institucionales a la lectura? No lo sé, la cosa está malita y el problema viene de lejos. Lo único cierto es que, como dice la campaña de la Junta de Extremadura, "el placer está en tus manos". Y es que arriesgarse a leer ciertos libros (los míos, por ejemplo) puede llegar a provocar unas auténticas pajas mentales. ¿Nos atrevemos?
Bueno, dejemos aparte la polémica sobre si es ético o conveniente que los organismos públicos se entromentan en nuestros asuntos privados, queriendo aleccionar sobre cómo ligar o cómo masturbarnos. A estas alturas, y con mis limitaciones, un servidor ya acepta consejos de cualquiera...
Pero es que el tema me ha hecho recapacitar un poco, mira por dónde. Tras navegar un rato por Internet, leer las noticias de la prensa, con su cada vez mayor sección de contactos, zapear por la tele recalando en Grandes Hermanos, Salvames varios y "programas" similares, incluso viendo ciertos anuncios de coches, desodorantes o compresas, uno llega a la conclusión de que el sexo ya está en plena calle, siempre bajo la luz de los focos. Se practican kikis casi a la vista de todo el mundo, con o sin edredón. ¡Qué lejos queda el tiempo en que Nina Hagen escandalizaba al personal alemán, explicando por la tele cómo se masturbaba! El sexo se ha popularizado, aunque por desgracia también se ha vulgarizado, se ha tornado tosco. Es un "aquí te pillo, aquí te mato" que nos asalta todos los días desde cualquier esquina.
Hoy en día, en una sociedad tan exibicionista como la nuestra, tan sólo existe un ejercicio onanista que se realice en privado, en la más absoluta intimidad, siempre a escondidas y sin publicidad. Se trata de una práctica que sólo es ejercitada por un sector cada vez más pequeño y marginal de la población. Por supuesto, me estoy refiriendo al "vicio" de la lectura. Un genuino placer solitario que, por lo que parece, muy pocos saben practicar en la actualidad. Una pena.
¿Tendrían que dedicarle más campañas institucionales a la lectura? No lo sé, la cosa está malita y el problema viene de lejos. Lo único cierto es que, como dice la campaña de la Junta de Extremadura, "el placer está en tus manos". Y es que arriesgarse a leer ciertos libros (los míos, por ejemplo) puede llegar a provocar unas auténticas pajas mentales. ¿Nos atrevemos?
sábado, noviembre 07, 2009
El efecto Axe
Acabo de leer una noticia bastante curiosa. Digamos que mi extrañeza se ha diversificado a varios niveles, como en los videojuegos. Pero primero vayamos a los hechos, ya habrá tiempo de sacar conclusiones.
Resulta que un joven indio, de nombre Vaibhav Bedi, ha denunciado a la empresa Unilever, fabricante del famoso desodorante Axe, por "depresión y daños psicológicos", solicitando una indemnización de 30.000 euros.
¿El motivo de la denuncia? Pues que el joven declara haber estado utilizando el dichoso desodorante Axe durante siete años seguidos, siete, pero a pesar de lo que clama la publicidad del producto, ninguna chica se le ha acercado. Vamos, que en todo este tiempo el pobre no se ha comido un rosco. ¿Y el tan cacareado "efecto Axe" de los anuncios? Cero patatero, las chicas a lo suyo, y eso que el sufrido Vaibhav rociaba desosorante en sus axilas como un descosido.
No sé si es normal que un producto realice una larga, tediosa y risible campaña publicitaria, saltándose durante años a la torera lo que en literatura algunos listillos llaman "suspensión de la credulidad". Pero también es de juzgado de guardia que haya panolis que se lo crean. Vamos, llegar a pensar que por rociarte los pinreles con cierto líquido vas a tener las portentosas aplicaciones de una especie de "atrapamoscas" para el sexo femenino... bueno, hay que hacérselo mirar. Y dice muy poco sobre la capacidad de ciertas personas, tanto publicistas como público objetivo. ¡Menudo ganado hay por ahí!
A lo que vamos. Visto lo visto, y leído lo leído, un servido se ha puesto a rociar con Axe todos los ejemplares de su última novela. Mi plan es bien simple y, a tenor de los resultados, consta de dos posibles alternativas. La primera, el efecto Axe funcionará y venderé un montón de libros entre el público femenino, convirtiéndome en todo un super-ventas. La segunda, y más probable, dentro de siete años podré demandar a Unilever por depresión y daños psicológicos a mi persona, ya que su publicidad errónea me hizo creer que la novela se vendería como churros entre las féminas, cuando ninguna se ha acercado ni por asomo.
Y es que no nos engañemos, hoy en día ni el cacareado efecto Axe vende libros. Penita pena.
Nos leemos, si no me abandona el desodorante...
Resulta que un joven indio, de nombre Vaibhav Bedi, ha denunciado a la empresa Unilever, fabricante del famoso desodorante Axe, por "depresión y daños psicológicos", solicitando una indemnización de 30.000 euros.
¿El motivo de la denuncia? Pues que el joven declara haber estado utilizando el dichoso desodorante Axe durante siete años seguidos, siete, pero a pesar de lo que clama la publicidad del producto, ninguna chica se le ha acercado. Vamos, que en todo este tiempo el pobre no se ha comido un rosco. ¿Y el tan cacareado "efecto Axe" de los anuncios? Cero patatero, las chicas a lo suyo, y eso que el sufrido Vaibhav rociaba desosorante en sus axilas como un descosido.
No sé si es normal que un producto realice una larga, tediosa y risible campaña publicitaria, saltándose durante años a la torera lo que en literatura algunos listillos llaman "suspensión de la credulidad". Pero también es de juzgado de guardia que haya panolis que se lo crean. Vamos, llegar a pensar que por rociarte los pinreles con cierto líquido vas a tener las portentosas aplicaciones de una especie de "atrapamoscas" para el sexo femenino... bueno, hay que hacérselo mirar. Y dice muy poco sobre la capacidad de ciertas personas, tanto publicistas como público objetivo. ¡Menudo ganado hay por ahí!
A lo que vamos. Visto lo visto, y leído lo leído, un servido se ha puesto a rociar con Axe todos los ejemplares de su última novela. Mi plan es bien simple y, a tenor de los resultados, consta de dos posibles alternativas. La primera, el efecto Axe funcionará y venderé un montón de libros entre el público femenino, convirtiéndome en todo un super-ventas. La segunda, y más probable, dentro de siete años podré demandar a Unilever por depresión y daños psicológicos a mi persona, ya que su publicidad errónea me hizo creer que la novela se vendería como churros entre las féminas, cuando ninguna se ha acercado ni por asomo.
Y es que no nos engañemos, hoy en día ni el cacareado efecto Axe vende libros. Penita pena.
Nos leemos, si no me abandona el desodorante...
miércoles, octubre 28, 2009
Como una novela
Parece mentira, pero la cosa ya está en marcha. "Democracia cibernética" se está distribuyendo entre los suscriptores de Espiral y también ha llegado a las librerías especializadas. De hecho, ya me han llegado las primeras reacciones a la novela, y por fortuna no he tenido que usar el pasaporte... todavía. Claro que aún es pronto.
Pero vayamos con los comentarios que algunos lectores han tenido la amabilidad de hacerme llegar. Una vez censuradas las frases soeces, los insultos y las amenazas... todavía se puede sacar algo en limpio, ¿qué te parece? El primer sorprendido soy yo, desde luego.
No voy a revelar nada importante de la trama, para eso hay que leer la obra. Ya sé que semejante medida puede parecer cruel, pero no deseo que mi editor se declare en quiebra, bastante ha sufrido ya en la maquetación de la novela. Así que si alguien desea contribuir a una buena causa, tan sólo tiene que comprar mi libro y el dinero servirá en parte para tapar un agujero enorme y tal vez contribuir a que la familia de un buen hombre, editor por más señas, pueda comer caliente otro día. Seamos generosos ahora que se acerca Navidad...
Bien, ante todo se me ha comentado que tal vez podría haber desarrollado más el prólogo, donde explico la guerra de las corporaciones, así como la creación de los cyborgs. Es algo que menciono de forma bastante somera al principio, tan sólo para situar la historia en un momento determinado y sin ahondar en las raíces del conflicto. Cierto que tuve en mente semejante posibilidad, pero al final desistí de ello porque daba pie a realizar toda una nueva novela. Y es que el tema de la lucha mundial, con la llegada de la Nueva Era, da mucho de sí. Hay tanto material que sin duda sirve para una futura obra independiente, tal vez una precuela ahora que esa palabreja está tan de moda. Pero que nadie se asuste, de momento tan sólo es una idea.
En cambio, sí existe una especie de segunda parte, o secuela. Los más avispados, y los más masoquistas que hayan aguantado la lectura hasta el final, se habrán fijado que acabo la obra con un "Fín del Primer Ciclo". Ello es debido a que existe un "Segundo Ciclo" ya escrito... pero todavía sin corregir. ¡Horror, pavor y terror! Se trata de una obra titulada "Unidades de carbono" y que sitúa la acción unos veinte años más tarde de los hechos acaecidos en "Democracia cibernética". Aunque esta obra concluye sin fisuras, es cierto que deja las puertas abiertas para saber qué sucede con esa sociedad tecnificada que he creado. La solución está en "Unidades de carbono", donde doy otra vuelta de tuerca a la historia, con un final tanto o más sorprendente que el anterior.
Pero claro, ahora hace falta algún editor tan osado que se preste a publicarlo. Lo tengo claro...
Como se acostumbra a decir, seguiremos informando. Que os sea leve.
martes, octubre 20, 2009
El hijo de la Luna y el comandante Tom
Resulta sorprendente, pero hoy en día a nadie le suena el nombre de Zowie Bowie. Lo mismo puede ser el título de un videojuego nuevo, o un trabalenguas anglosajón para críos, o quizás el nuevo superhéroe de Marvel/Disney, producto de la picadura de un Mickey Mouse radiactivo. Pues no señor, se trata del genuino patronímico con el que el genial David Bowie tuvo la ocurrencia de inscribir a su hijo.
Conste que yo soy gran admirador de tan ilustre cantante y compositor, pero... ¡Menudo nombrecito se sacó del magín! En su defensa tan sólo puedo aventurar que se trataba de su etapa psicodélica y que todavía se hallaba perdido como el comandante Tom de su archifamoso primer gran éxito. No me extraña lo más mínimo que un todavía jovencísimo Zowie decidiera cambiarse el nombre, trasmutándose en Duncan Jones.
Y hete aquí lo que son las cosas. Duncan Jones es un nombre más bien corriente, sin excesivo glamour. Pues ya suena, y con gran fuerza. Pasando olímpicamente de los deseos de su padre, el amigo Duncan se desentendió de sus clases musicales y se lanzó a la dirección. Tras estudiar en la Escuela de Cine y trabajar en spots con los hermanos Scott (Ridley y Tony), por fin ha dirigido una película de ciencia ficción titulada Moon, la cual está triunfando en todos los festivales donde se presenta.
Se trata de una gran película, sin duda. Como de las que se hacían antes, vamos. Con ecos de 2001, Alien o Naves misteriosas por citar algunas referencias, Moon nos devuelve otra vez ese sentido especulativo que yo creía perdido en la pantalla. Los efectos especiales, unos 450, sólo sirven como soporte de la historia, además no hay batallitas y el guión es inteligente, te hace pensar. Y por si fuera poco, la interpretación de Sam Rockwell es fabulosa. O sea, una maravilla.
Resumiendo, que se puede ser Hijo de Famoso y a la vez culto e inteligente, incluso genial. Tal vez porque en esta ocasión se es hijo de la Luna y del comandante Tom. Ahí es nada.
¡Que aprenda Paris Hilton!
Conste que yo soy gran admirador de tan ilustre cantante y compositor, pero... ¡Menudo nombrecito se sacó del magín! En su defensa tan sólo puedo aventurar que se trataba de su etapa psicodélica y que todavía se hallaba perdido como el comandante Tom de su archifamoso primer gran éxito. No me extraña lo más mínimo que un todavía jovencísimo Zowie decidiera cambiarse el nombre, trasmutándose en Duncan Jones.
Y hete aquí lo que son las cosas. Duncan Jones es un nombre más bien corriente, sin excesivo glamour. Pues ya suena, y con gran fuerza. Pasando olímpicamente de los deseos de su padre, el amigo Duncan se desentendió de sus clases musicales y se lanzó a la dirección. Tras estudiar en la Escuela de Cine y trabajar en spots con los hermanos Scott (Ridley y Tony), por fin ha dirigido una película de ciencia ficción titulada Moon, la cual está triunfando en todos los festivales donde se presenta.
Se trata de una gran película, sin duda. Como de las que se hacían antes, vamos. Con ecos de 2001, Alien o Naves misteriosas por citar algunas referencias, Moon nos devuelve otra vez ese sentido especulativo que yo creía perdido en la pantalla. Los efectos especiales, unos 450, sólo sirven como soporte de la historia, además no hay batallitas y el guión es inteligente, te hace pensar. Y por si fuera poco, la interpretación de Sam Rockwell es fabulosa. O sea, una maravilla.
Resumiendo, que se puede ser Hijo de Famoso y a la vez culto e inteligente, incluso genial. Tal vez porque en esta ocasión se es hijo de la Luna y del comandante Tom. Ahí es nada.
¡Que aprenda Paris Hilton!
martes, octubre 06, 2009
Los sábados, también al sol
Ya estamos de vuelta en casa tras nuestro corto periplo por tierras vascas. Hemos pasado unos días fabulosos en Bilbao, donde acompañados por el calor de un sol de justicia volvimos a disfrutar de tan hermosa ciudad y de su entrañable gente. Pero no nos enrrollemos, cual catálogo de viajes de El Corte Inglés, y vayamos al grano.
El sábado 3 de octubre los amigos de la TerBi tuvieron a bien asistir a la presentación que hice de mi novela "Democracia cibernética". El acto tuvo lugar en el Aula de Grados de la Facultad de Económicas de Sarriko. Con eso queda demostrado que los vascos son gente intrépida que no se arredran ante nada ni ante nadie. Soportar con estoicismo mis disertaciones sobre el Quid de la Cosa sin duda tiene su mérito. Ante una nutrida asistencia de aficionados intenté explicar de forma prolija de qué va el argumento de la historia. Y cual fue mi sorpresa cuando nadie huyó despavorido, aguantando hasta el final de la charla.
Claro que yo jugaba con ventaja. Antes, el amigo Angel Rodríguez había realizado una brillante disertación sobre la novela popular española, metiéndose al público en el bolsillo con su riguroso trabajo. Nadie podía prever que después de tan atractiva explicación un servidor se iba a salir por la tangente. Pero es que uno es muy suyo, por lo que me lancé a la brava, improvisando una conferencia capaz de aburrir a las ovejas. Soy así...
Por otra parte las deserciones eran casi imposibles, pues acto seguido Luis Alfonso Gámez nos iba a deleitar con una hábil conferencia sobre la génesis de la ufología, esa presunta pseudociencia para papanatas. Partiendo del film Ultimátum a la Tierra (el genuino, no su birriosa copia moderna), el periodista supo desgranar con habilidad el entramado de falsos mitos que se ha forjado sobre el tema. Una conferencia fascinante que se me hizo muy corta.
Y mientras tanto, el menda iba firmando y dedicando libros a un nutrido grupo de aficionados y entusiastas compradores (?) Ante semejante maravilla sólo puedo agradecer el gran esfuerzo de mi estimado editor Juanjo Aroz, así como de su encantadora esposa Pilar, quien nos hizo sentir como en casa. Sin duda gran parte del mérito de tan sorprendente suceso estriba en el poder de convocatoria de ambos, así como en la extraordinaria portada que Koldo Campo ha realizado. ¡Si con semejante presentación hasta es posible que alguien se atreva a leer el libro y todo!
Qué más puedo decir del maravilloso recibimiento hacia mi obra y mi persona. Me lo pasé de fábula ante un montón de gente estupenda, tanto en la presentación como en la posterior comida. Malo como soy para recordar nombres, citar a todos para darles las gracias me sería imposible. Por fortuna cuento con la inestimable ayuda de Clara, quien también fue agasajada como una reina, así al menos podremos mencionar a alguno de ellos.
Sin duda Ricardo ha de ser el primero en mi lista de damnificados. Hace años que le conozco y siempre le he visto desarrollar una febril actividad que me ha impresionado. Afable, buena persona y trabajador como pocos, encima el puñetero escribe unos relatos de gran calidad que me entusiasman. Tampoco puedo dejar de mencionar a Lola, quien nunca sé si es más vasca que catalana... o viceversa. Tuvo la delicadeza y paciencia de enseñarnos Bilbao en su coche, porque además de ser simpática conduce muy bien... no como yo.
Una mención especial para Luis (y Charo, me apunta Clara). ¿Qué puedo decir de este hombre, salvo que me ha salvado del aburrimiento en varias Hispacones con su inestimable compañía? Si un día se hiciera una estatua al aficionado del fandom, sin duda habría de tener el rostro de Luis. Es un genuino pura sangre, de veras. Y una gran persona, no hace falta decirlo.
César es un caso aparte. Lo sabe todo, y cuando digo todo quiero decir todo. Hablar con él es ponerse al día, sin necesidad de Internet ni diarios. Incluso tras un largo poteo, cuando ya los zuritos de cerveza se me amontonaban en exceso, yo todavía seguía escuchándole y aprendiendo cosas nuevas. Y es que César es un vendaval, da gusto salir con él.
Bueno, no pararía de mencionar gente. No quiero dejarme en el tintero a Ekaterina, cuyo nombre es incapaz de ser olvidado, al igual que su espíritu marchoso y su pasión por los mojitos. Sólo decirte que tienes razón y lo mismo me meto en eso del Facebook (pues ya tengo más de veinticinco tacos, ya sabes porqué lo digo). Y también un saludo para el otro compañero de poteo, un tío muy majo pero cuyo nombre se me ha olvidado con tanta cerveza. Lo siento de veras, si vienes a Barcelona por lo del Premio UPC lo mismo nos vemos y me lo recuerdas...
Y mencionar también a otros escritores, como el gran Juanjo Sánchez Arreseigor, el no menos grande David Calleja, Juan Moro y su encantadora esposa, Joseba Paulorena y José Ramón Vila... Bueno, y ya puestos todo el listín telefónico de Bilbao.
Y claro, también dar las gracias a mis amigos del alma Juanjo, Maittane y Arrate, con quienes pasamos un domingo inolvidable. A ver cuándo se puede repetir, aunque sea en otra parte.
El sábado 3 de octubre los amigos de la TerBi tuvieron a bien asistir a la presentación que hice de mi novela "Democracia cibernética". El acto tuvo lugar en el Aula de Grados de la Facultad de Económicas de Sarriko. Con eso queda demostrado que los vascos son gente intrépida que no se arredran ante nada ni ante nadie. Soportar con estoicismo mis disertaciones sobre el Quid de la Cosa sin duda tiene su mérito. Ante una nutrida asistencia de aficionados intenté explicar de forma prolija de qué va el argumento de la historia. Y cual fue mi sorpresa cuando nadie huyó despavorido, aguantando hasta el final de la charla.
Claro que yo jugaba con ventaja. Antes, el amigo Angel Rodríguez había realizado una brillante disertación sobre la novela popular española, metiéndose al público en el bolsillo con su riguroso trabajo. Nadie podía prever que después de tan atractiva explicación un servidor se iba a salir por la tangente. Pero es que uno es muy suyo, por lo que me lancé a la brava, improvisando una conferencia capaz de aburrir a las ovejas. Soy así...
Por otra parte las deserciones eran casi imposibles, pues acto seguido Luis Alfonso Gámez nos iba a deleitar con una hábil conferencia sobre la génesis de la ufología, esa presunta pseudociencia para papanatas. Partiendo del film Ultimátum a la Tierra (el genuino, no su birriosa copia moderna), el periodista supo desgranar con habilidad el entramado de falsos mitos que se ha forjado sobre el tema. Una conferencia fascinante que se me hizo muy corta.
Y mientras tanto, el menda iba firmando y dedicando libros a un nutrido grupo de aficionados y entusiastas compradores (?) Ante semejante maravilla sólo puedo agradecer el gran esfuerzo de mi estimado editor Juanjo Aroz, así como de su encantadora esposa Pilar, quien nos hizo sentir como en casa. Sin duda gran parte del mérito de tan sorprendente suceso estriba en el poder de convocatoria de ambos, así como en la extraordinaria portada que Koldo Campo ha realizado. ¡Si con semejante presentación hasta es posible que alguien se atreva a leer el libro y todo!
Qué más puedo decir del maravilloso recibimiento hacia mi obra y mi persona. Me lo pasé de fábula ante un montón de gente estupenda, tanto en la presentación como en la posterior comida. Malo como soy para recordar nombres, citar a todos para darles las gracias me sería imposible. Por fortuna cuento con la inestimable ayuda de Clara, quien también fue agasajada como una reina, así al menos podremos mencionar a alguno de ellos.
Sin duda Ricardo ha de ser el primero en mi lista de damnificados. Hace años que le conozco y siempre le he visto desarrollar una febril actividad que me ha impresionado. Afable, buena persona y trabajador como pocos, encima el puñetero escribe unos relatos de gran calidad que me entusiasman. Tampoco puedo dejar de mencionar a Lola, quien nunca sé si es más vasca que catalana... o viceversa. Tuvo la delicadeza y paciencia de enseñarnos Bilbao en su coche, porque además de ser simpática conduce muy bien... no como yo.
Una mención especial para Luis (y Charo, me apunta Clara). ¿Qué puedo decir de este hombre, salvo que me ha salvado del aburrimiento en varias Hispacones con su inestimable compañía? Si un día se hiciera una estatua al aficionado del fandom, sin duda habría de tener el rostro de Luis. Es un genuino pura sangre, de veras. Y una gran persona, no hace falta decirlo.
César es un caso aparte. Lo sabe todo, y cuando digo todo quiero decir todo. Hablar con él es ponerse al día, sin necesidad de Internet ni diarios. Incluso tras un largo poteo, cuando ya los zuritos de cerveza se me amontonaban en exceso, yo todavía seguía escuchándole y aprendiendo cosas nuevas. Y es que César es un vendaval, da gusto salir con él.
Bueno, no pararía de mencionar gente. No quiero dejarme en el tintero a Ekaterina, cuyo nombre es incapaz de ser olvidado, al igual que su espíritu marchoso y su pasión por los mojitos. Sólo decirte que tienes razón y lo mismo me meto en eso del Facebook (pues ya tengo más de veinticinco tacos, ya sabes porqué lo digo). Y también un saludo para el otro compañero de poteo, un tío muy majo pero cuyo nombre se me ha olvidado con tanta cerveza. Lo siento de veras, si vienes a Barcelona por lo del Premio UPC lo mismo nos vemos y me lo recuerdas...
Y mencionar también a otros escritores, como el gran Juanjo Sánchez Arreseigor, el no menos grande David Calleja, Juan Moro y su encantadora esposa, Joseba Paulorena y José Ramón Vila... Bueno, y ya puestos todo el listín telefónico de Bilbao.
Y claro, también dar las gracias a mis amigos del alma Juanjo, Maittane y Arrate, con quienes pasamos un domingo inolvidable. A ver cuándo se puede repetir, aunque sea en otra parte.
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