Capitulaciones del intelecto

La verdad absoluta no existe, y esto es absolutamente cierto.

Les Luthiers.

jueves, noviembre 12, 2009

El placer privado


Interesante cuestión la que nos plantea la polémica campaña llevada a cabo por la Junta de Extremadura... Y aquí cabe el chiste típico de que sea precisamente Extrema y Dura la comunidad que lance para los jóvenes sus "enseñanzas sobre masturbación".

Bueno, dejemos aparte la polémica sobre si es ético o conveniente que los organismos públicos se entromentan en nuestros asuntos privados, queriendo aleccionar sobre cómo ligar o cómo masturbarnos. A estas alturas, y con mis limitaciones, un servidor ya acepta consejos de cualquiera...

Pero es que el tema me ha hecho recapacitar un poco, mira por dónde. Tras navegar un rato por Internet, leer las noticias de la prensa, con su cada vez mayor sección de contactos, zapear por la tele recalando en Grandes Hermanos, Salvames varios y "programas" similares, incluso viendo ciertos anuncios de coches, desodorantes o compresas, uno llega a la conclusión de que el sexo ya está en plena calle, siempre bajo la luz de los focos. Se practican kikis casi a la vista de todo el mundo, con o sin edredón. ¡Qué lejos queda el tiempo en que Nina Hagen escandalizaba al personal alemán, explicando por la tele cómo se masturbaba! El sexo se ha popularizado, aunque por desgracia también se ha vulgarizado, se ha tornado tosco. Es un "aquí te pillo, aquí te mato" que nos asalta todos los días desde cualquier esquina.

Hoy en día, en una sociedad tan exibicionista como la nuestra, tan sólo existe un ejercicio onanista que se realice en privado, en la más absoluta intimidad, siempre a escondidas y sin publicidad. Se trata de una práctica que sólo es ejercitada por un sector cada vez más pequeño y marginal de la población. Por supuesto, me estoy refiriendo al "vicio" de la lectura. Un genuino placer solitario que, por lo que parece, muy pocos saben practicar en la actualidad. Una pena.

¿Tendrían que dedicarle más campañas institucionales a la lectura? No lo sé, la cosa está malita y el problema viene de lejos. Lo único cierto es que, como dice la campaña de la Junta de Extremadura, "el placer está en tus manos". Y es que arriesgarse a leer ciertos libros (los míos, por ejemplo) puede llegar a provocar unas auténticas pajas mentales. ¿Nos atrevemos?

sábado, noviembre 07, 2009

El efecto Axe


Acabo de leer una noticia bastante curiosa. Digamos que mi extrañeza se ha diversificado a varios niveles, como en los videojuegos. Pero primero vayamos a los hechos, ya habrá tiempo de sacar conclusiones.

Resulta que un joven indio, de nombre Vaibhav Bedi, ha denunciado a la empresa Unilever, fabricante del famoso desodorante Axe, por "depresión y daños psicológicos", solicitando una indemnización de 30.000 euros.

¿El motivo de la denuncia? Pues que el joven declara haber estado utilizando el dichoso desodorante Axe durante siete años seguidos, siete, pero a pesar de lo que clama la publicidad del producto, ninguna chica se le ha acercado. Vamos, que en todo este tiempo  el pobre no se ha comido un rosco. ¿Y el tan cacareado "efecto Axe" de los anuncios? Cero patatero, las chicas a lo suyo, y eso que el sufrido Vaibhav rociaba desosorante en sus axilas como un descosido.

No sé si es normal que un producto realice una larga, tediosa y risible campaña publicitaria, saltándose durante años a la torera lo que en literatura algunos listillos llaman "suspensión de la credulidad". Pero también es de juzgado de guardia que haya panolis que se lo crean. Vamos, llegar a pensar que por rociarte los pinreles con cierto líquido vas a tener las portentosas aplicaciones de una especie de "atrapamoscas" para el sexo femenino... bueno, hay que hacérselo mirar. Y dice muy poco sobre la capacidad de ciertas personas, tanto publicistas como público objetivo. ¡Menudo ganado hay por ahí!

A lo que vamos. Visto lo visto, y leído lo leído, un servido se ha puesto a rociar con Axe todos los ejemplares de su última novela. Mi plan es bien simple y, a tenor de los resultados, consta de dos posibles alternativas. La primera, el efecto Axe funcionará y venderé un montón de libros entre el público femenino, convirtiéndome en todo un super-ventas. La segunda, y más probable, dentro de siete años podré demandar a Unilever por depresión y daños psicológicos a mi persona, ya que su publicidad errónea me hizo creer que la novela se vendería como churros entre las féminas, cuando ninguna se ha acercado ni por asomo.

Y es que no nos engañemos, hoy en día ni el cacareado efecto Axe vende libros. Penita pena.

Nos leemos, si no me abandona el desodorante...

miércoles, octubre 28, 2009

Como una novela



Parece mentira, pero la cosa ya está en marcha. "Democracia cibernética" se está distribuyendo entre los suscriptores de Espiral y también ha llegado a las librerías  especializadas. De hecho, ya me han llegado las primeras reacciones a la novela, y  por fortuna no he tenido que usar el pasaporte... todavía. Claro que aún es pronto.

Pero vayamos con los comentarios que algunos lectores han tenido la amabilidad de hacerme llegar. Una vez censuradas las frases soeces, los insultos y las amenazas... todavía se puede sacar algo en limpio, ¿qué te parece? El primer sorprendido soy yo, desde luego.

No voy a revelar nada importante de la trama, para eso hay que leer la obra. Ya sé que semejante medida puede parecer cruel, pero no deseo que mi editor se declare en quiebra, bastante ha sufrido ya en la maquetación de la novela. Así que si alguien desea contribuir a una buena causa, tan sólo tiene que comprar mi libro y el dinero servirá en parte para tapar un agujero enorme y tal vez contribuir a que la familia de un buen hombre, editor por más señas, pueda comer caliente otro día. Seamos generosos ahora que se acerca Navidad...

Bien, ante todo se me ha comentado que tal vez podría haber desarrollado más el prólogo, donde explico la guerra de las corporaciones, así como la creación de los cyborgs. Es algo que menciono de forma bastante somera al principio, tan sólo para situar la historia en un momento determinado y sin ahondar en las raíces del conflicto. Cierto que tuve en mente semejante posibilidad, pero al final desistí de ello porque daba pie a realizar toda una nueva novela. Y es que el tema de la lucha mundial, con la llegada de la Nueva Era, da mucho de sí. Hay tanto material que sin duda sirve para una futura obra independiente, tal vez una precuela ahora que esa palabreja está tan de moda. Pero que nadie se asuste, de momento tan sólo es una idea.

En cambio, sí existe una especie de segunda parte, o secuela. Los más avispados, y los más masoquistas que hayan aguantado la lectura hasta el final, se habrán fijado que acabo la obra con un "Fín del Primer Ciclo". Ello es debido a que existe un "Segundo Ciclo" ya escrito... pero todavía sin corregir. ¡Horror, pavor y terror! Se trata de una obra titulada "Unidades de carbono" y que sitúa la acción unos veinte años más tarde de los hechos acaecidos en "Democracia cibernética". Aunque esta obra concluye sin fisuras, es cierto que deja las puertas abiertas para saber qué sucede con esa sociedad tecnificada que he creado. La solución está en "Unidades de carbono", donde doy otra vuelta de tuerca a la historia, con un final tanto o más sorprendente que el anterior.

Pero claro, ahora hace falta algún editor tan osado que se preste a publicarlo. Lo tengo claro...

Como se acostumbra a decir, seguiremos informando. Que os sea leve.

martes, octubre 20, 2009

El hijo de la Luna y el comandante Tom


 Resulta sorprendente, pero hoy en día a nadie le suena el nombre de Zowie Bowie. Lo mismo puede ser el título de un videojuego nuevo, o un trabalenguas anglosajón para críos, o quizás el nuevo superhéroe de Marvel/Disney, producto de la picadura de un Mickey Mouse radiactivo. Pues no señor, se trata del genuino patronímico con el que el genial David Bowie tuvo la ocurrencia de inscribir a su hijo.

Conste que yo soy gran admirador de tan ilustre cantante y compositor, pero... ¡Menudo nombrecito se sacó del magín! En su defensa tan sólo puedo aventurar que se trataba de su etapa psicodélica y que todavía se hallaba perdido como el comandante Tom de su  archifamoso primer gran éxito. No me extraña lo más mínimo que un todavía jovencísimo Zowie decidiera cambiarse el nombre, trasmutándose en Duncan Jones.

Y hete aquí lo que son las cosas. Duncan Jones es un nombre más bien corriente, sin excesivo glamour. Pues ya suena, y con gran fuerza. Pasando olímpicamente de los deseos de su padre, el amigo Duncan se desentendió de sus clases musicales y se lanzó a la dirección. Tras estudiar en la Escuela de Cine y trabajar en spots con los hermanos Scott (Ridley y Tony), por fin ha dirigido una película de ciencia ficción titulada Moon, la cual está triunfando en todos los festivales donde se presenta.

Se trata de una gran película, sin duda. Como de las que se hacían antes, vamos. Con ecos de 2001, Alien o Naves misteriosas por citar algunas referencias, Moon nos devuelve otra vez ese sentido especulativo que yo creía perdido en la pantalla. Los efectos especiales, unos 450, sólo sirven como soporte de la historia, además no hay batallitas y el guión es inteligente, te hace pensar. Y por si fuera poco, la interpretación de Sam Rockwell es fabulosa. O sea, una maravilla.

Resumiendo, que se puede ser Hijo de Famoso y a la vez culto e inteligente, incluso genial. Tal vez porque en esta ocasión se es hijo de la Luna y del comandante Tom. Ahí es nada.

¡Que aprenda Paris Hilton!

martes, octubre 06, 2009

Los sábados, también al sol


Ya estamos de vuelta en casa tras nuestro corto periplo por tierras vascas. Hemos pasado unos días fabulosos en Bilbao, donde acompañados por el calor de un sol de justicia volvimos a disfrutar de tan hermosa ciudad y de su entrañable gente. Pero no nos enrrollemos, cual catálogo de viajes de El Corte Inglés, y vayamos al grano.

El sábado 3 de octubre los amigos de la TerBi tuvieron a bien asistir a la presentación que hice de mi novela "Democracia cibernética". El acto tuvo lugar en el Aula de Grados de la Facultad de Económicas de Sarriko. Con eso queda demostrado que los vascos son gente intrépida que no se arredran ante nada ni ante nadie. Soportar con estoicismo mis disertaciones sobre el Quid de la Cosa sin duda tiene su mérito. Ante una nutrida asistencia de aficionados intenté explicar de forma prolija de qué va el argumento de la historia. Y cual fue mi sorpresa cuando nadie huyó despavorido, aguantando hasta el final de la charla.

Claro que yo jugaba con ventaja. Antes, el amigo Angel Rodríguez había realizado una brillante disertación sobre la novela popular española, metiéndose al público en el bolsillo con su riguroso trabajo. Nadie podía prever que después de tan atractiva explicación un servidor se iba a salir por la tangente. Pero es que uno es muy suyo, por lo que me lancé a la brava, improvisando una conferencia capaz de aburrir a las ovejas. Soy así...

Por otra parte las deserciones eran casi imposibles, pues acto seguido Luis Alfonso Gámez nos iba a deleitar con una hábil conferencia sobre la génesis de la ufología, esa presunta pseudociencia para papanatas. Partiendo del film Ultimátum a la Tierra (el genuino, no su birriosa copia moderna), el periodista supo desgranar con habilidad el entramado de falsos mitos que se ha forjado sobre el tema. Una conferencia fascinante que se me hizo muy corta.

Y mientras tanto, el menda iba firmando y dedicando libros a un nutrido grupo de aficionados y entusiastas compradores (?)  Ante semejante maravilla sólo puedo agradecer el gran esfuerzo de mi estimado editor Juanjo Aroz, así como de su encantadora esposa Pilar, quien nos hizo sentir como en casa. Sin duda gran parte del mérito de tan sorprendente suceso estriba en el poder de convocatoria de ambos, así como en la extraordinaria portada que Koldo Campo ha realizado. ¡Si con semejante presentación hasta es posible que alguien se atreva a leer el libro y todo!

Qué más puedo decir del maravilloso recibimiento hacia mi obra y mi persona. Me lo pasé de fábula ante un montón de gente estupenda, tanto en la presentación como en la posterior comida. Malo como soy para recordar nombres, citar a todos para darles las gracias me sería imposible. Por fortuna cuento con la inestimable ayuda de Clara, quien también fue agasajada como una reina, así al menos podremos mencionar a alguno de ellos.

Sin duda Ricardo ha de ser el primero en mi lista de damnificados. Hace años que le conozco y siempre le he visto desarrollar una febril actividad que me ha impresionado. Afable, buena persona y trabajador como pocos, encima el puñetero escribe unos relatos de gran calidad que me entusiasman. Tampoco puedo dejar de mencionar a Lola, quien nunca sé si es más vasca que catalana... o viceversa. Tuvo la delicadeza y paciencia de enseñarnos Bilbao en su coche, porque además de ser simpática conduce muy bien... no como yo.

Una mención especial para Luis (y Charo, me apunta Clara). ¿Qué puedo decir de este hombre, salvo que me ha salvado del aburrimiento en varias Hispacones con su inestimable compañía? Si un día se hiciera una estatua al aficionado del fandom, sin duda habría de tener el rostro de Luis. Es un genuino pura sangre, de veras. Y una gran persona, no hace falta decirlo.

César es un caso aparte. Lo sabe todo, y cuando digo todo quiero decir todo. Hablar con él es ponerse al día, sin necesidad de Internet ni diarios. Incluso tras un largo poteo, cuando ya los zuritos de cerveza se me amontonaban en exceso, yo todavía seguía escuchándole y aprendiendo cosas nuevas. Y es que César es un vendaval, da gusto salir con él.

Bueno, no pararía de mencionar gente. No quiero dejarme en el tintero a Ekaterina, cuyo nombre es incapaz de ser olvidado, al igual que su espíritu marchoso y su pasión por los mojitos. Sólo decirte que tienes razón y lo mismo me meto en eso del Facebook (pues ya tengo más de veinticinco tacos, ya sabes porqué lo digo). Y también un saludo para el otro compañero de poteo, un tío muy majo pero cuyo nombre se me ha olvidado con tanta cerveza. Lo siento de veras, si vienes a Barcelona por lo del Premio UPC lo mismo nos vemos y me lo recuerdas...

Y mencionar también a otros escritores, como el gran Juanjo Sánchez Arreseigor, el no menos grande David Calleja, Juan Moro y su encantadora esposa, Joseba Paulorena y José Ramón Vila... Bueno, y ya puestos todo el listín telefónico de Bilbao.

Y claro, también dar las gracias a mis amigos del alma Juanjo, Maittane y Arrate, con quienes pasamos un domingo inolvidable. A ver cuándo se puede repetir, aunque sea en otra parte.

miércoles, septiembre 30, 2009

Seguimos de vacaciones

Pues eso, por si a alguien le interesa, seguimos de fiestuki y sin darle un palo al agua.

Eso sí, con buena música... más o menos. Ahí os dejo esto:



¿A que mola?

lunes, septiembre 14, 2009

Democracia cibernética, la pesadilla

Se veía venir. Para que conste en mi defensa, lo he estado advirtiendo durante una buena temporada: "Democracia cibernética", la novela, ya está aquí. A primeros de octubre comenzarán a distribuirse los ejemplares entre suscriptores de Espiral, librerías especializadas y algún local de mala nota. Es lo que tiene ser un escritor petardo, se llega a sitios inimaginables para los que son plumíferos de pro. Y Juanjo, editor de Espiral, no tiene culpa alguna de tal desaguisado. El pobre no sabe la clase de libro que ha engendrado en el seno de tan loable colección...

Comento todo esto porque ya han comenzado a llegarme las primeras críticas, y no de la novela (pues aún se está cociendo en la imprenta), pero sí de los vídeos promocionales que un servidor ha ido pergreñando con alevosía y nocturnidad. Ante todo debo decir que la propaganda No Tiene Nada Que Ver con el contenido de la obra. El libro es (o más bien pretende ser) serio y reflexivo, aunque con acción intensa Marca de la Casa (apaga y vámonos). En cambio, yo he diseñado (toma pegote) una publicidad jocosa y festiva para hacer la cosa más atractiva a un público cada vez más disperso (y no podéis imaginar lo disperso que está, más bien huye en desbandada). Hay que llamar la atención como sea, así que un poco de guasa debería ir bien.

Por supuesto soy consciente de que no a todo el mundo le gustará mi estilo publicitario, que rompe y rasga. Habrá quien envidie mi recia apostura y la nobleza de mi bello rostro ante la cámara, para ellos la solución radica en visitar a un buen oftalmólogo y tal vez pasar por cirugía correctora de la retina. Habrá quien se sienta airado ante mi varonil tono de voz y mi correcta dicción, problema sencillo de arreglar con una simple trompetilla. Habrá, en definitiva, quien no encuentre mi sentido del humor adecuado, tal vez porque su espíritu crítico se ha visto embrutecido con dosis masivas de cómicos nefandos como puedan ser los Monty Phyton o Les Luthiers. Mal asunto, les recomiendo visionar Obras Maestras del Séptimo Arte tipo "Los bingueros" y mirarse los chistes de Arévalo o las parodias de Los Morancos. ¡Eso sí es humor corrosivo! Al menos a mí me corroe cuando lo veo...

Lo cierto es que hoy en día lo mismo da que hayas escrito un churro si la propaganda es buena. No hay más que echar un vistazo al mercado editorial para percatarse de ello. Casi me atrevo a decir que existe una relación inevitable entre uno y otro concepto: a mayor calidad de promoción, menor calidad literaria. Aunque semejante regla de tres no se puede aplicar a la inversa, pues a menudo menor calidad literaria no presupone mayor calidad promocional. O sea que uno como lector-comprador se halla por completo desamparado, a merced de estímulos externos mientras trata de elegir una Buena Obra en la que gastarse los cuartos, todo para solaz de su mente inquieta.

Resumiendo, pues se hace tarde y está tronando. Lo mejor que podéis hacer es comprar "Democracia cibernética", caramba. Si no os gusta el libro siempre podéis estar satisfechos, porque de forma interna (y externa) podréis decir aquello de "no me han enredado, ya lo sabía yo, ese memo es incapaz de escribir correctamente ni tan siquiera su nombre, menudo coñazo de libro". Un triunfo para vuestro ego por tener tan buen ojo clínico. O bien podeís decir como decía alguno que yo me sé: "Lo he comprado porque me daba lástima, pobrecillo". Vamos, seréis una especie de ONG para escritores lerdos como el menda.

Pero también, por increíble que pueda parecer, existe una segunda hipótesis. Ya sé que es muy rebuscado y fantasioso, pero.... ¿y si el libro os gusta, eh, eh ,eh? ¿Y si os divierte o/y os hace pensar? ¡Toooma! A lo mejor la historia vale la pena y todo. Los expertos en probabilidades dicen que si ponemos a un número infinito de monos aporreando un teclado, alguno de ellos en algún momento llegará a escribir "Hamlet", aunque sólo sea por pura chiripa. ¿Y quién dice que yo con mi "Democracia cibernética" no pueda ser ese mono con chiripa que ha escrito un buen libro? ¿A que acojona? Ahí os quería yo ver.

Así que no seáis malos ni malas, os lo suplico. Comprad "Democracia cibernética", venga, ya, porfa.

Y si queréis, también podéis leerla. Total, ya puestos...

viernes, septiembre 11, 2009

La soledad del escritor

Lo que son las cosas, caramba. Aprovechando mi parón vacacional y a remolque de un comentario dejado en el blog por el estimado Herr Alfonso, docto y viajado como pocos, he vuelto a coger el libro La soledad de Charles Dickens, de Dan Simmons. Quienes posean dicha obra, o al menos la hayan visto en un escaparate (a veces pasa, los escaparatistas modelnos hasta ponen libros con tal de impactar en la clientela), esas personas sabrán el esfuerzo que semejante acto representa, dado el considerable grosor del volumen. Así pues, yo tenía la aviesa intención de desmenuzar tan insigne obra con pelos y señales, pero hete aquí que se me han adelantado...

Otro escritor ilustre, mi admirado Juan Carlos Planells, ha realizado en BOL una soberbia reseña de la obra, sin duda infinitamente mejor y más elaborada que cualquier opinión mía. Ante semejante maestría nada puedo añadir. Comparto plenamente los comentarios del maestro y remito a los interesados a leer su extraordinario juicio de valor. Como siempre, Planells trasciende la simple reseña para ahondar en cuestiones de mayor calado, conviertiendo su escrito en todo un artículo de opinión sobre el Arte de Escribir. Y ahí sí, en las disquisiciones filosóficas un servidor se atreve a opinar, que sobre decir burradas nadie me gana.

Estoy de acuerdo en la afirmación de Planells respecto a que esta obra es "una historia sobre cómo se escribe una novela... un libro para escritores más que para lectores". Ciertamente, sin negar que un lector pueda disfrutar mucho con ella, sin duda un escritor sabrá sacarle todo su jugo. Y es que ser escritor no resulta nada fácil. Palabra.

El ejemplo que para ello tengo más a mano (el libro en cuestión) me sirve para el caso. En la historia se reinterpreta los últimos años de Charles Dickens y también de Wilkie Collins. Dos grandes escritores, dos destinos en cierta medida dispares. Yo soy rarito, no descubro nada nuevo, así que a nadie le extrañará saber que ciertamente en mis parámetros de lectura he admirado más al segundo que al primero. Ya de jovencito me cautivó su novela La piedra lunar, sin duda el primer referente de calidad a esa cosa que luego se llamaría la novela policiaca (o de suspense), uno de mis géneros preferidos. Pero el tiempo sin duda ha tratado mejor a Dickens, mientras la obra de Collins ha caído a un segundo plano, cuando no en un lamentable olvido. Nada extraño, es lo que sucede con el 99 por ciento de los escritores, y tal vez soy optimista.

El título de la novela (La soledad de Charles Dickens) viene como anillo al dedo a mis reflexiones sobre el oficio de escritor. Curioso si tenemos en cuenta que la obra en realidad se titula Drood y que el cambio de título en versión castellana nos retrotrae a cierta moda olvidada, cuando las películas eran censuradas hasta en su nombre. Claro que a veces, como en la presente ocasión, el cambio puede favorecer. Recordemos por ejemplo la emblemática película Con la muerte en los talones, cuyo título original era el insípido North by Northwest. No hay color. Pero no nos desviemos del tema, que trata sobre los escritores y su obra.

El tiempo, ese disolvente universal más potente incluso que el agua, hace que los escritos de gente incluso Muy Famosa vayan desapareciendo de la memoria colectiva con relativa rapidez. Así que no hablemos de los Famosetes y los Desconocidos. Para poner un ejemplo, recuerdo cuando yo era más joven (tampoco hace taaanto, caramba) y alucinaba a amigos y conocidos al "confesar" que escribía ciencia ficción. ¿Ciencia ficción? ¡Ah! Pues yo he leído a Asimov, me decían de forma indefectible y para quedar bien.

Hoy en día casi resulta una proeza encontrar a alguien fuera del fandom que haya leído a Isaac Asimov, muchos ni siquiera saben quién es. El tiempo se lo ha llevado. Fiuuu. Se acabó. De igual modo Orson Scott Card ha pasado a un segundo plano, camino del olvido mientras se defiende guionizando cómics, quién se lo iba a decir cuando escribía sobre Ender. Y con las novelas famosas sucede lo mismo: Neuromante ha pasado de ser obra de culto a casi un chiste entre cuatro entendidos nerd. El propio Dan Simmons en la actualidad es más conocido por su libro El Terror que por el grandioso Hyperion. Así es la vida, y las toneladas de novedades sepultan todo lo anterior. Lo bueno tal vez resiste algo más, pero al final también queda oculto. Entonces sólo queda la esperanza de que hagan una película, aunque ésta también desaparecerá devorada por las contínuas novedades, cada vez más espectaculares.

Resumiendo, que el escritor cada vez está más solo. Ante su ordenador (o su papel en blanco si es de la Vieja Escuela), ante el público lector, cada vez más paupérrimo, y ante la memoria colectiva, cada vez más flaca e infiel, que le olvida casi en el acto. Pero no nos pongamos tristes, pues sarna con gusto no pica.

Queda para otro momento una disertación más profunda sobre la Literatura como Arte. No quiero dar demasiado la tabarra, pues hoy ya me he extendido en demasía. Nos leemos o nos olvidamos, lo que pase primero.

viernes, agosto 28, 2009

Los libros son para el verano

Confesémoslo, con los libros pasa lo mismo que con las bicicletas, precisan de sol y tiempos muertos. Así, hasta que algún avispado vendedor no invente un ordenador portátil con el teclado a prueba de arena, hoy por hoy el último reducto de la lectura está en la playa, mientras nos cocemos a fuego lento bajo un sol de justicia. O, para gente más civilizada y sin cobertura, en el campo, bajo la sombra de un buen pino. A la llegada del invierno, ese momento de "onanismo intelectual" se reduce a cuando estamos sentados en la taza del wáter y uno (o una, aquí no hay géneros que valgan) tarda lo suyo en hacer según que cosas y ya se sabe de memoria las etiquetas de las botellas de champú... ¡Cuántos Pilares de la Tierra se han leído entre apretones intestinales!

Sea como sea, hay que reconocer la cantidad ingente de libros que se leen en el verano. Sumemos también las incontables horas nocturnas sin dormir, con el grueso ejemplar de turno asido ante nuestros cansados ojos mientras espiamos el zumbar de ese maldito mosquito que nos tiene acribillados a la que apagamos la luz, un mosquito al que esperamos ver aparecer para hacerle sentir todo el peso literario de nuestra lectura. Y no nos olvidemos de esas tardes tontas de no hacer nada, pero nada de nada, atrapados sin remisión en campings, hostales o pensiones donde la señal de la fatídica TDT, ese Gran Engaño Mediático Para Sacar Cuartos, apenas llega, o lo hace más pixelado que un puzzle gigante al que faltan gran cantidad de piezas. Y para postre están los niños escandalosos de los vecinos, siempre gritando y berreando para impedirnos tener una siesta reparadora.

O sea, que hoy por hoy la lectura se ha convertido en el último reducto de una sociedad hiperactiva, capaz de aprovechar el tiempo incluso en su propio aburrimiento. En nuestro actual modelo de vida (?) siempre hay que Hacer Algo (y jocosamente así se entiende un término tan opuesto a ello como es "ver la tele"). De tal forma, cuando no queda más remedio y el resto de opciones "civilizadas" se ha descartado por imposibles, todavía nos queda el último recurso de la lectura para llenar nuestros tiempos muertos.

Pues en semejante tesitura, ahí van unos cuantos títulos para leer en verano y no morir (intelectualmente) en el intento. Que a fuerza de leer chorradas uno también se vuelve chorras, de la misma manera que viendo programas basura por la tele (99,9 %) nuestro cerebro se atrofia a base de bien. O sea, que lo más sano es mantener la tele apagada y sólo abrir los libros tras asegurarse fehacientemente de que su contenido es estimulante para nosotros. Difícil, claro, pero ahí dejo yo una lista muy personal de Cosas Para Leer En Verano Y Que No Provoquen Sarpullidos A Gente Inquieta. Que no sólo de Larsson vive el lector. Vamos a ello:

En primer lugar, ahí va "El Rojo", de Bernhard Kegel. Un technothriller apasionante sobre la aparición de un calamar gigante en Kaikoura (Nueva Zelanda) tras un enorme maremoto. Relato escrito con soltura por un gran biólogo, quien ya ha sido bautizado como el Michael Crichton alemán. Muy estimulante, tanto en su vertiente de suspense como en su lado científico. Igual que el Libro Gordo de Petete, enseña y entretiene a la vez. ¿Quién da más?

Otra perla para mí muy satisfactoria. El regreso de un gran escritor en estado de gracia. ¡Aleluya! Me estoy refiriendo a "La soledad de Charles Dickens", de Dan Simmons. Cogiendo como punto de partida el accidente ferroviario que tuvo Dickens unos años antes de su muerte, mezclándolo con su novela de suspense inacabada, El misterioso caso de Edwin Drood, y haciendo que su amigo y rival en las letras Wilkie Collins haga de cicerone en tan peculiar bajada a los infiernos, la obra de Simmons va un paso más allá de ser una simple novela histórica. Una obra donde se plantea la tenue frontera existente entre realidad y fantasía, puede que entre genio y locura. Dan Simmons desencadenado como no recuerdo desde su monumental e irrepetible "Hyperion".

Y como no quiero atragantar demasiado al Distinguido, por hoy lo dejamos. Que el verano es muy corto y tampoco se lee tanto, caramba. Otro día, más.

viernes, agosto 14, 2009

Los sonidos del silencio


Una extraña quietud se ha apoderado de mi ánimo. No es para menos: Les Paul ha muerto. El "casi total" inventor de la guitarra eléctrica ha fallecido a los 94 años de edad. Ha gozado de una vida intensa, desde luego, aunque a los melómanos "rockeros" nos ha dejado algo más huérfanos.

Les Paul fue el precursor de la guitarra con cuerpo sólido, la famosísima Gibson, allá por el lejano año 1952. Cuánto ha llovido desde entonces. Que se lo digan a monstruos de la cuerda electrónica como B.B.King, Eric Clapton o Peter Townshend, para poner ejemplos variados.

Todavía resuena en mi cabeza títulos tan emblemáticos como How High the Moon o Vaya con Dios. Tal es su fuerza que incluso parece que estén escritos hace poco. Son atemporales, dignos de un genio. Un hombre que desde joven se empeñó en construir y amplificar de forma eletrónica una guitarra. Tarea nada fácil, como prueba que ya en 1940 casi muriera electrocutado en uno de sus múltiples ensayos. Y luego, en 1948, tras padecer un aparatoso accidente de tráfico, pidió que le enyesaran el brazo roto de forma que pudiera seguir tocando. ¡Ése es mi hombre!

Baste decir que ha muerto un genio, un precursor de la música (sin adjetivarla como "moderna", pues sería quitarle mérito al reducir el impacto). Descanse en paz y que el sonido de su guitarra siga llenando el vacío que nos deja. Por supuesto, ahí va un pequeño homenaje a su talento:



Y, cómo no, una versión de How High the Moon, junto a su esposa Mary Ford, muerta en 1977. El vídeo es bastante deficiente, pero lo compensa la música, canela en rama:




Nos leemos, o nos oímos; lo que pase primero.