Capitulaciones del intelecto

Desde el momento en que cogí su libro me caí al suelo rodando de risa. Algún día espero leerlo.

Groucho Marx.

sábado, diciembre 24, 2016

                                            LA NAVIDAD DE LOS ESQUIROLES.
                                                        Joan Antoni Fernández


El policía alzó la mirada y observó al hombre esposado que tenía ante él. Se trataba de un individuo de edad avanzada y complexión enorme, vestido con un estrambótico traje de color rojo, desgarrado por los cuatro costados. La cara del detenido era mofletuda, con el cabello desordenado y una barba enorme que tal vez bien lavada hubiera sido blanca. Como remate, lucía un ojo amoratado mientras el otro, de un azul intenso, miraba al agente con rabia contenida.
Papá Noel, ¿no le da vergüenza? —le recriminó el policía.
¡No veo por qué! —exclamó el detenido—. ¡Las leyes laborales me amparan! Vosotros no podéis detenerme estando en ejercicio de mis prerrogativas sindicales. ¡Mantengo una huelga legal, esto es un atropello!
Pero, ¿y los niños? —el funcionario le amonestó con tono reprobatorio—. ¿Ha pensado usted en los pobres niños? Si no trabaja esta noche, la chiquillería mañana no tendrá juguetes.
¡Por supuesto, el típico argumento coercitivo! —el viejo se sulfuró—. ¡Según eso, yo no tengo derecho a declararme en huelga! ¿Cómo puedo presionar a la empresa, entonces? Claro, me limito a aplicar los servicios mínimos y regalo sólo juguetes Made in Taiwán, ¿verdad? —El hombre se sulfuró todavía más—. Hace demasiado tiempo que mis demandas son ignoradas, que no me toman en serio. ¡Pues basta ya! ¡Se acabó! A partir de hoy me declaro en huelga de brazos caídos. No habrá ningún regalo ni juguete en todo el mundo mientras no se acepten mis reivindicaciones.
¿Y no puede esperarse hasta mañana? ¿Qué más le da por un día?
¡Qué gracia me haces, muchacho! Mañana no podría hacer ninguna presión, lo sé muy bien. Cada año se repite la misma historia: me prometéis entablar un diálogo para estudiar mis reivindicaciones, pero una vez ha pasado Navidad nadie quiere saber nada. ¡Ya basta! ¡O me concedéis todo lo que pido ahora mismo, o no reparto más regalos!
Bien, pero entonces otros harán su trabajo.
¡Y un cuerno! ¿Quizás pensáis que mis juguetes los puede repartir algún comando del ejército? ¡Ni hablar! Mis renos han formado piquetes y no dejarán que ningún militar coja mis bolsas, ni que se acerque a ninguna chimenea mientras no pactemos un convenio en condiciones. Además, también el tió en Cataluña se ha solidarizado con nosotros, dice que su tarea es muy dolorosa y quiere un plus de peligrosidad. Y el olentzero en el País Vasco. El pobre está harto de hacer siempre el trabajo sucio.
¿Y qué desea usted para deponer su actitud?
Así está mejor —dijo el hombre con satisfacción —. Queremos mejoras sustanciales en nuestro contrato: exigimos vacaciones pagadas cada veinte años, un plus de nocturnidad y el pago de las horas extraordinarias. También el alta a la Seguridad Social con derecho a pensión y a asistencia sanitaria, un trineo nuevo con aire acondicionado, airbag y ABS...
¡Oiga, jefe! —le interrumpió el agente—. Yo no puedo darle todo eso. Sólo tengo órdenes de encerrarle en una celda si ahora mismo no se compromete a repartir los juguetes esta noche, como siempre ha hecho. Usted mismo.
¿Pensáis que me asustaré con tan burdas amenazas? Pues ya me puedes encerrar cuando quieras, pero te advierto que mis renos han bloqueado todas las chimeneas. ¡Ningún niño recibirá sus regalos de Navidad si no llegamos a un acuerdo!
El policía levantó los ojos con resignación mientras sujetaba a Papá Noel por el brazo.
Muy bien —masculló—. No me deja otra alternativa; prepárese a pasar la noche de Navidad en el calabozo.


El enfurecido Papá Noel permaneció detenido en comisaría durante trece largos días. Al fin, cuando ya había empezado su segunda huelga de hambre consecutiva, los policías parecieron ceder en parte y accedieron a liberarle.
Seguro que los niños sin juguetes os han hecho cambiar de opinión, ¿verdad? —preguntó satisfecho.
Por nosotros, como si no quiere repartir nunca más y lo deja. Ya tenemos a alguien que trabaja mucho mejor que usted.
¿Eh?
El pobre y famélico Papá Noel salió a la calle donde sus renos lo esperaban con aspecto compungido. La derrota se intuía en el ambiente.
En aquel mismo instante un montón de sombras danzantes se reflejó en la esquina. Enormes figuras se movían al otro lado de la calle, acompañadas por una gran algarabía y griterío infantil. Papá Noel abrió los ojos asombrado al reconocer algunas de aquellas siluetas: se trataba de camellos.
¡Maldita sean! —gritó furioso—. ¡Son esos presuntuosos Reyes Magos! Por supuesto, siempre han sido muy amigos de las altas esferas… ¡Hasta tienen su convenio aparte!
Para su desgracia, Papá Noel no había contado con aquellos esquiroles.

martes, octubre 11, 2016

Un nuevo artículo sobre la Literatura

Mi colaboración en el Grupo Li Po:
https://grupolipo.blogspot.com.es/2016/10/esplendor-en-la-miseria.html?m=0


ESPLENDOR EN LA MISERIA LITERARIA.

                 



Estimados Amigos


Hoy tenemos el gusto de hacerles llegar un texto de nuestro amigo Joan Antoni Fernández donde nos muestra un desolador panorama en el mundo de las letras. Muchos asocian la literatura solo con los deslumbrantes nombres de los bestseller porque lo asociamos al éxito monetario. Pero ganar el diario sustento con las letras no es la norma prácticamente en ninguna parte del mundo que conocemos. Esa precariedad no solo se circunscribe al mundo de los escritores.  En el más reciente informe de la AISGE nos dice que el 73 por ciento (72,9%) de los actores y actrices españoles no logran vivir exclusivamente con los ingresos que les reporta esta actividad profesional. En nuestro país sin hacer ningún estudio podríamos elevar ese porcentaje al 99 % sin temor a que esa aumento arbitrario tuviese muchos errores, eso sin mencionar la situación de los escritores que en el mejor de los casos reciben 50 céntimos de bolívar (lo que antiguamente se llamaba un real) por palabra cuando escriben en un periódico. Normalmente las columnas en los periodicos rondan en las 500 palabras. Eso significa que un escritor recibe 250 bolívares fuertes (que mentira más grande la de del gobierno de Hugo Chávez que reconvirtió la moneda vieja quitándole  3 ceros para crear el bolívar fuerte. Una manera de devaluar sin levantar grandes pasiones) una cantidad que no le permite comprar un pan canilla o baguette. 




Ni para pan da escribir en Venezuela.


En Venezuela un país donde la cultura siempre ha sido un adorno para dar un poco de brillo a ciertas gestiones públicas siempre hemos asumido a España como una especie de país de jauja de la cultura visto a lo lejos; pero si aumentamos las dioptrías de acercamiento podremos apreciar las grietas en nuestro paraíso soñado.

Joan Antoni Fernández nos presenta varios casos de escritores que murieron en la pobreza pero quizá el que más nos llame la atención sea el del escritor José María Gironella, que logró ser el primer autor superventas de España y  que fue muy conocido aquí por su trilogía de novelas dedicadas a la Guerra civil Española.


Deseamos saquen provecho de la entrada y que se convierta en un llamado para establecer políticas que aseguren la dignidad de todas las personas en sus días finales.

Richard Montenegro



*******

ESPLENDOR EN LA MISERIA

                                                          Joan Antoni Fernández
Tal vez tenían razón los camboyanos cuando, tras la cruenta guerra de Indochina, prohibían la entrada en su país tanto a perros como a escritores. En cierta manera ambas formas de vida han ido muy unidas, al menos en España. No hay más que observar las necrológicas para llegar a esta conclusión, la mayoría de escritores acaban sus días como perros. Sólo tras su muerte genios como Cervantes o Valle-Inclán tuvieron un homenaje y el reconocimiento general. Ya lo dijo el poeta Luis Cernuda, otro escritor maldito que llegó a pasar hambre. "Escribir en España no es llorar, es morir", afirmó retocando la famosa frase de Larra.


Valle-Inclán
Semejantes pensamientos me han asaltado al comprar de saldo la última obra de José María Gironella, el otrora padre del best-seller en España y que hace unos años murió en la más absoluta de las miserias. Este último libro salido de sus manos, "El Apocalipsis", apenas ha vendido unos 6.000 ejemplares, hecho sorprendente viniendo de alguien que en su día alcanzó la cifra de 12 millones de ventas (la mitad tan sólo con "Los cipreses creen en Dios"). No es de extrañar que su entierro fuera pagado en parte por el Centro Español de Derechos Reprográficos (Cedro), un organismo que viene a ocupar el lugar dejado por el viejo Montepío de Escritores.




Según datos oficiales, en 2003 existían en España unos 60 autores, tanto de narrativa como de poesía, alguno incluso Premio Nacional de las Letras, todos ellos malviviendo con la ayuda de semejante organismo. La asociación de autores Cedro se gastó 230.000 euros (unos 38 millones de pesetas), sólo en ese año, y en concepto de ayudas puntuales: pago de alquileres o letras vencidas. Incluso, sin querer decir nombres, se sabe que pagaron la factura médica a un "gran escritor" que no tenía dinero ni para ingresar en una clínica. Todos recordamos casos como el de Alberti, a quien se le pidió el Cervantes para que pudiera sufragar gastos y pagar la residencia donde estaba interna su primera esposa. Autores de la categoría de Rosa Chacel o Gabriel Celaya tuvieron que malvender en vida sus extensas bibliotecas y archivos personales para ir tirando. Gente tan divergente como pudieran ser Emilio Romero o el también cineasta Juan Antonio Bardem han tenido que subsistir casi de la caridad de sus amigos.




La lista se hace interminable: Alfonso Grosso, muerto de forma miserable en un psiquiátrico, Lauro Olmo, fallecido en la indigencia, María Zambrano, siempre al borde de la ruina, o León Felipe, cuya biblioteca fue recientemente vendida en 150 millones de los que ni siquiera sus parientes verán un duro... En Hollywood existe un término para definir a cierta clase de gente: los has-been (los que han sido). En España podría reformarse la expresión por "los que han escrito".


Alfonso Grosso
Confesémoslo: la mayoría de nosotros, pecaminosos amantes de la lectura, fervientes obsesos de la letra impresa, hemos sentido el ardiente anhelo de llegar a ser auténticos escritores consagrados. Lo que es peor, algunos soñamos todavía con semejante locura, empecinados en emborronar cuartillas con la vana esperanza de saltar a eso que de forma heurística ciertos pensadores han definido como El Gran Público. Vano intento, aceptémoslo de una vez por todas: el Gran Público ya no existe.


José María Gironella recibiendo el premio Planeta en 1971. Parece que fue profética la entrega de este premio que sería el refleja de su precaria condición en los últimos años de su vida.
Hagamos un repaso histórico. Año 2002: se produce un parón técnico en las ventas de libros, la crisis económica generalizada hace que los editores españoles se replanteen su estrategia comercial. Ya no sirve de nada editar de forma compulsiva con la única meta de ir llenando estanterías, es preciso enganchar al público, crear nuevos lectores. ¿Queréis cifras? Tomad cifras: en 1992 se editaron 39.000 títulos en España, llegando hasta los 60.267 en 2001. Pero, ¿quién demonios puede leer todo eso? Tan descomunal aumento de títulos editados provoca una inflación que el sector no puede digerir. Las tiradas medias han ido rebajándose y los libros no tienen mucho más de un mes de vida en las librerías, siendo desbancados por otros nuevos para ir a ocupar sitio en el almacén del librero. Las ventas han bajado sencillamente porque es materialmente imposible vender tanta novedad. A eso se le llama morir de éxito.




Los libreros, dichosos ellos, todavía no han notado la tendencia y siguen con los estantes llenos a rebosar, las mesas de novedades pletóricas de títulos hasta el punto de tener que renovar cada semana. Cierto librero me decía que suelen recibir una media de 82 (¡ochenta y dos!) títulos nuevos al día, o sea unos 21.000 ejemplares anuales. A ver, seamos sinceros, ¿alguien se ha comprado, ya no digo leído, veintiún mil libros este año? La política del editor (una política importada de EEUU) consiste en ocupar espacio en las estanterías, incluso a codazos, evitando que lo haga la competencia. Resulta más barato editar por los descosidos que promocionar un solo título. ¿Se preocupan las editoriales porque el libro valga la pena? ¿Y qué más da si a pesar de todo vende? Lo malo es que semejante política comercial impide que el libro tenga vida, que llegue a funcionar el boca-a-oreja entre los lectores. ¿Quién no se ha encontrado nunca ante la incómoda situación de ir a buscar un libro recomendado que ya no estaba, desalojado por toda una retahíla de nuevos títulos absolutamente peregrinos?


Rosa Chacel
La solución radica en editar menos y en hacer tiradas más cortas. Al menos, ésa es la tendencia que se está tomando en editoriales como Planeta (editan un 20% menos que hace un año), Edicions 62 (un 15 %), o Proa (un 15%) entre otros grandes. Tusquets y Edhasa, en cambio, mantendrán el mismo ritmo sin incrementarlo. Lo único cierto es que la media de tiradas se sitúa entre los 2.500 ejemplares y muchas veces las tiradas no se agotan, que no todos son éxitos como Cercas o Zafón (catalogados de "auténticos milagros" por sus propias editoriales).




Otro aspecto a tener en cuenta es la diversificación de los géneros que se está produciendo entre el público lector. La no ficción está desbancando a la ficción en lo que parece ser una tendencia irreversible, ya casi no existen esos lectores fieles que consumían una temática muy concreta y unos autores determinados. El propio best-seller se ve amenazado y las ventas de un Stephen King, entre otros grandes nombres, han bajado en picado en los propios EEUU. Los lectores (lectoras en su mayoría) se han vuelto más volubles y mariposean sobre los títulos publicados decantándose en mayor medida hacia temas menos ficticios, más acordes con las problemáticas sociales.


Stephen King
Entonces, ¿dónde podemos encontrar a ese Gran Público que encandilar con nuestra acerada prosa? Me temo que únicamente en el hipotético caso que Steven Spielberg, J.J. Abrams o Guillermo del Toro nos compren los derechos de la novela para hacer una película, sólo entonces tendremos acceso a las grandes masas. Mientras tanto, desengañémonos, si llegamos a publicar lo haremos para minorías. Todo lo selectas que se quieran, pero minorías sin el menor género de dudas.




Hoy en día resulta relativamente fácil ser publicado por cualquier pequeña editorial de las muchas que pululan en el mercado, empresas que lanzan tiradas medias de unos quinientos ejemplares o incluso menos. Dependiendo de la distribución, que ésa es otra, hasta podemos disfrutar de nuestra media hora de gloria en la mesa de novedades de una gran librería. Parientes, amigos y conocidos podrán pasar y extasiarse ante la Gran Obra que hemos publicado. Pero que no se entretengan ni tarden demasiado en marchar, que hay cola y otros autores aguardan turno con su lista de parientes y amigos. Que no decaiga.




No es de extrañar que las nuevas promesas de la literatura, quienes empiezan, la gente sin padrinos,  se lancen a publicar sus obras en formato digital. Intentan llegar así a un público nuevo, a través de Amazon o de alguna otra plataforma parecida. El libro electrónico ha irrumpido con fuerza, dispuesto a quedarse. Es mucho más económico y parece no requerir tantos mediadores entre autor y lector. Y así, el escritor se convierte en algo parecido a un vendedor de seguros, llamando a todas las puertas virtuales para “colocar” de forma machacona su producto.

Y eso no es lo peor: la falta de filtro hace que se publiquen en las redes demasiadas obras a la vez, saturando la oferta. Además, sin control alguno, la mayoría de novelas están sin pulir, y buena parte de ellas son mediocres, cuando no malas. Así, ante semejante avalancha, el público comienza a sentirse perseguido, estafado y saturado.




 Se ha creado un enorme tsunami, capaz de ahogar a la mayoría. Hasta los títulos que más venden son de usar y tirar. Enseguida llega otro que ocupará su puesto con rapidez. No es oro todo lo que reluce, aunque este fenómeno, el de los e-books, requiere un examen mucho más complejo.

Ante un panorama tan desolador uno se pregunta si resulta buena idea intentar abrirse camino como escritor. Aunque la fama llame a nuestra puerta no podemos fiarnos de ella. En este mundo mercantilista cada vez los reinados son más efímeros y quien hoy vende millones tal vez mañana sea olvidado. La conclusión que sacamos a todo esto es que el tiempo de la literatura está tocando a su fin. Con un poco de suerte se puede brillar con intensidad un breve espacio de tiempo, captar la atención durante un instante. Después, de forma inevitable, llegará el olvido.





Cierto, la creación literaria puede provocar un gran esplendor. Pero mucho me temo que hoy en día sólo sea un esplendor en la miseria.

domingo, abril 19, 2015

Chic@s... ¡al Salón!

Otro año más ha tenido lugar el gran acontecimiento. La 33ª edición del Salón del Cómic de Barcelona se clausura hoy domingo 19 de abril. Han sido cuatro días intensos, los números así lo indican. Al acto han acudido 165 expositores, ocupando los 36.000 m2 del recinto de Montjuïc (Palacio 2, planta baja y superior) dentro de la Fira de Barcelona. Como siempre, un gran éxito de público que ha respondido entusiasta a esta cita anual. No creo que tengan problemas en romper el récord de asistencia del año pasado, cifrado en más de 100.000 visitantes.

   Pero dejemos aparte las interesantes charlas, conferencias y firmas de autores, las cuales te obligan a seguir una agenda fija, con días y horas inamovibles, si es que deseamos presenciar ciertos actos. Es inevitable, muchos son los aficionados que asisten dos o tres días en su afán por oír, tocar u obtener la firma de algún autor favorito. Este año no ha sido mi caso, pues sólo acudí el viernes. Por una vez me he limitado a saborear de las exposiciones y comprar algún ejemplar de cómic sin sentir la presión de acudir a firmas o conferencias. La única charla a la que asistí fue a la que dio el gran David Salzberg, asesor científico de la serie de TV "The big bang theory". Muy interesante, como era de esperar, y lleno completo, por supuesto.

   Este año el lugar me ha parecido muy amplio, lo cual es un acierto. Se podía recorrer el enorme palacio sin sentir ninguna sensación de agobio. No sé si el sábado y el domingo, días de mayor afluencia, estará más congestionado, pero creo que la amplitud del espacio juega a favor del Salón y hace la visita más agradable.

   La planta baja acoge a los expositores principales, así como a los puestos de librerías, tanto de cómic nuevo como de segunda mano. Los laterales se abren con paradas que recuerdan el célebre mercado dominical de Sant Antoni. Allí uno puede curiosear y buscar ese tomo en concreto que le falta para tener completa la colección de su serie favorita. Hay muchas probabilidades de encontrarlo, desde luego. Como que luego lo encuentre en otra parada un poco más lejos... y más barato. Así es la vida.

   En el centro del recinto, como no, están los stands más grandes, los de los pesos pesados. Allí uno puede ver a la sempiterna Ediciones B (este año más sobria que de costumbre) con su ejemplar estrella: "El Tesorero", de Mortadelo y Filemón. Tampoco pueden faltar los clásicos Capitán Trueno, etc. etc.

   Más allá empieza el festival DC. Este año homenajean a su personaje "malvado" de Jocker, pero a mí en particular no me dice nada. Prefiero destacar las ediciones de lujo que han hecho de Lobo de Alan Grant y Keith Giffen. También conviene señalar la línea Vértigo, con nuevas ediciones de Predicador o Y, el Último Hombre. 

   Panini sigue en su línea de mostrar productos, dedicar firmas de autores y dejar que las tiendas vendan el producto. No obstante, yo lo hice, si alguien les pide algún número, también venden...

   Sorpresa mayúscula para el menda al toparme con un stand enorme de... El Corte Inglés. ¡Vaya! Si éstos también acuden a la llamada, señal de que el Salón del Cómic ha alcanzado estatus de éxito. No me quejo, en especial porque, entre otras lindezas, pude descubrir el tercer tomo recopilatorio de The Boys de Garth Ennis, ahí es nada.

   Otro stand imprescindible, cómo no, el de Norma Cómics. Allí adquirí el último ejemplar de Blacksad, que me faltaba desde el año pasado. No, no me compré el tomo con todos sus números, pues sólo me faltaba el último. Hasta para ser friki soy raro, pues prefiero leer los números sueltos que tenerlos en un solo tomo. Además, no sé por qué, pero cada vez que Díaz Canales y Guarnido sacan un número nuevo, de inmediato sale una compilación con "todo" Blacksad... Esperaremos pues.

   Bueno, no me alargo. También tienen parada los del FNAC y Planeta, estos últimos casi dedicados por completo al manga tras perder los sellos de Marvel y DC. Su último (o penúltimo) invento ha sido sacar Jaco el Patrullero Galáctico, una especie de precuela o crossover de Dragon Ball. No sé, no me parece ni mucho menos lo mejor del gran Akira Toriyama.
 
   No puedo dejar de mencionar otras paradas, no tan ostentosas pero igualmente interesantes. En especial otra clásica: Dolmen con su rutilante estrella Cels Piñol, amén de los libros sobre zombies de Carlos Sisí y otros, desde luego. Y La Cúpula, claro... También Gigamesh, aprovechando el tirón de Juego de Tronos presenta un espectacular libro de ilustraciones de Canción de Hielo y Fuego de Corominas. Una maravilla.

   Pero no sólo de editoriales y librerías vive el aficionado. También hay un montón de exposiciones que conviene señalar. En primer lugar la de The Spirit, del gran Will Eisner. O las clásicas de mis admirados ninotaires Vázquez (Anacleto, agente secreto), el Perich, con su humor siempre actual por el que no pasa el tiempo, los grandes Cifré padre y Cifré hijo... Imprescindible.

   Luego, en la planta superior, entramos en el mundo de las utopías y distopías: Juez Dredd, Dani Futuro, Roco Vargas, Flash Gordon, Conan, Los 4 Fantásticos... Me dejo muchos, pero es que la lista sería interminable. Tal vez por eso en el extremo opuesto habían colocado la TARDIS del Doctor Who para que pudiéramos tener más tiempo...

   Tampoco podemos obviar las figuras y modelos de Star Wars, así como las copias usadas en películas como El laberinto del fauno. Y claro, no podían faltar, los vídeojuegos. La estrella es The Legend of Zelda, pero los aficionados podían jugar con la nueva consola Wii U. Incluso hay unas figuras de Nintendo para jugar, pasándolas por la consola para que ésta lea las instrucciones. Me cuentan que una de estas figuras, si la pasas por el lector de tarjetas del metro de Moscú, te deja viajar gratis. Al parecer no es un efecto intencionado, responde a la lectura del sistema moscovita... Me da ganas de ir a Rusia y comprobarlo (si me pagan el viaje, desde luego).

Pero no todo es Nintendo. También estaba Playstation, aunque de forma más modesta, permitiendo que se probaran sus juegos y consolas. Y aparte del típico supermontaje de Star Wars, con su C3PO interactivo, había un gran stand con escenas de la nueva película de Los Vengadores, La Era de Ulltrón...

   No sigo más, que hasta a mí se me están poniendo los dientes largos con el recuerdo. Me da ganas de volver ahora mismo... Y ello pese a que cada vez el merchandising come más espacio al propio sector de los cómics.

   Porque también existe un lado negativo, según mi punto de vista. Cada vez los cómics tienen menor peso específico en el salón. Con lentitud pero con firmeza, año tras año se van viendo desplazados por figuras, maquetas, pósters, camisetas, tazas, colgantes, anillos... Hasta las innumerables películas o las series de televisión, los propios vídeojuegos arrinconan la lectura de imágenes. Es posible acudir al Salón del Cómic y no comprar, no leer, ni mirar, un solo cómic.

   No sé si eso es bueno o malo. Son cosas de futuro.

martes, octubre 21, 2014

Scripto-paisaje, un lujo a su alcance.

  En nuestra sociedad actual todo se arregla mediante encuestas. Por ello no es de extrañar que la World Culture Score, sea lo que sea dicho organismo, haya realizado un estudio sobre los hábitos de lectura en el mundo mundial. ¿Las conclusiones? Tremebundas, como era de esperar.

  Lo sorprendente de la encuesta es que remarca un hecho curioso... o tal vez no. Resulta que los países donde se lee más no son, como era de esperar, los cultos países nórdicos. Muy por delante en el hábito de la lectura destacan los asiáticos.

  Sí señor, resulta que donde se lee más horas semanales en en la India (10,42 hora/semana), en Tailandia (9,24 h/s), en China (8 h/s) y en Filipinas (7,36 h/s). ¡Países donde, por desgracia, el nivel de analfabetismo continúa siendo muy alto!

  En cambio, en la sabia Europa, es la República Checa (7,24 h/s) la primera en hábitos lectores, seguida de Rusia, Suecia, Francia y Hungría. Lo sorprendente es que España (5,48 h/s) se sitúa en el puesto diecinueve, incluso por encima de Alemania. Increíble.

  Ciertos o no estos datos, resulta palpable que sólo un 63 % de los españoles encuestados confiesa haber leído un paupérrimo libro al año. Mucho me parece a mí, a no ser que se incluya como obra de lectura la Guía Telefónica, que ya ni así...

  Pero claro, si ahora resulta que "leer es de países pobres"... En los ricos se estila más aficionarse a los vídeo-juegos y mirar series de "culto" mediante todo tipo de pantallas. Mal vamos, la verdad. A este paso no leerán ni los escritores para corregir sus escritos, que para eso ya están los correctores de texto.

  La solución a tamaña crisis es evidente y aquí la expongo, gratis y todo. Debemos dar la vuelta a la tortilla, convertir la lectura, la posesión física de un libro, en todo un lujo sólo al alcance de élites. Vamos a ver, igual que ciertos fulanos chulean ante nosotros mostrando su Rolex de oro macizo (un peluco horroroseibol que acostumbra a ser falso), hay que convertir la posesión de una obra de Cervantes, o una buena imitación estilo Pérez-Reverte, en algo selecto, especial, único. Que farde mogollón.

  Los libros han de dejar de venderse en las librerías (¡qué vulgar!) y en su lugar hacer exposiciones en sitios elegantes, de moda. Más que vendidos, deben de ser adquiridos mediante subastas de postin, como piezas únicas. ¡Al mejor postor! Qué cara de satisfacción del cliente cuando diga, mostrándolo en su funda de plástico protector, que ha adquirido un ejemplar del "Código DaVinci", por ejemplo, por unos veinte mil euracos... Si por semejante precio hasta dará ganas de leerlo y todo...

  Por supuesto, en los colegios la lectura ha de dejar de ser obligatoria. ¿Para qué? Los pobres pueden (deben) vivir mejor sin saber leer. No les reporta nada bueno. El que quiera aprender, que se pague clases opcionales no subvencionadas. ¡Seguro que habrá hostias por entrar en alguna academia con pedigrí donde estrictos profesores de rostro ceñudo enseñen las nociones básicas para entender, por ejemplo, las estampitas de los santos y las etiquetas de ciertos artículos con glamour.

  Convenceos. ¡La lectura es un lujo! Ver pantallas lo puede hacer cualquiera, gente sin apenas estudios. Pero leer... eso sólo ha de hacerlo la gente selecta. No seas pobretón y lee.

  Otro día hablaremos de "comprender la lectura". Ahí sí que tenemos un problema... y gordo.

jueves, octubre 16, 2014

Estudios rigurosamente premiados.

  Premios, premios, premios... El ser humano es un animal extraño. Más que del primate, parece descender del premiate. El homo sapiens remuneratorem y su homólogo el autem reddidi ocupan nicho ecológico en nuestra época.

  Y no me refiero tan sólo a los llamados "premios literarios", último reducto creado por escritólogos y coleccionistas de narradores exóticos. Muchas veces son el último refugio proteccionista para escritores famélicos con hambre de lectores y, ¿por qué no decirlo?, de dinero. Su labor resulta encomiable en la protección de un género en vías de extinción.

  Pero el ser humano es intrínsecamente "premiable". ¿Quién no ha asistido a alguna cena de empresa donde los Altos Jerifaltes reparten diplomas acreditativos a unos untuosos empleados que se deshacen en pompas de vana soberbia? ¿Quién no mataría por recibir una cruz, medalla o distinción de cualquier Órgano Corporativo que, visto desde fuera, provoca lo que se denomina "una jartá de reir"? Somos así de vanidosos, qué le vamos a hacer.

  Pocos son los que harían como la Editorial Tusquets, quien al descubrir en 1969 que dentro de su catálogo había una obra del flamante ganador Samuel Beckett, confeccionó un curioso cartel para señalar el evento. El escrito, bajo una fotografía del autor, decía llanamente: "Este señor con cara de pájaro es el PREMIO NOBEL 1969". Yo creo que a Beckett le habría encantado.

  Menos premios y más invertir en la cultura, dirán algunos. Que lo individual no nos haga perder la visión de lo colectivo. No sirve de nada ensalzar a un escritor si se menosprecia la escritura, digo yo. Y eso sirve también para otras áreas, como la siempre maldita inversión presupuestaria en I+D. Y en ello hasta ciertos premios pueden valer para algo. Vamos a ver, pregunta: ¿Alguien sabe lo que son los premios Ig Nobel ? Que sí, que existen. No me los he inventado.

  Ahí es nada. Los americano son tan superiores que hasta se permiten el lujo de tener una "revista de humor científico". Aquí, en casa, nosotros no tenemos publicación comercial alguna que sea  científica, mucho menos de humor, y ya puestos, ni siquiera revista digna de tal nombre.

  Pues esa maravilla anglófona existe y responde al nombre de Annals of Improbable Research. Y no sólo eso: encima está avalada por la Universidad de Harvard. Por ello, desde el año 1991 se ha sacado de la manga una parodia de los premios Nobel (ignoble significa innoble en inglés). Pero no nos engañemos, sobre una apariencia en principio risible se oculta un trasfondo riguroso.

  Hagamos un rápido repaso. El premio de física este año ha ido a parar al Japón, a la Universidad de Kitasato. Su trabajo, titulado Coeficiente de fricción bajo una piel de plátano, ha sacado a la luz que la parte interior de esta fruta contiene un gel de polisacáridos en extremo lubrificante. Al pisar la piel, el gel se extiende por el suelo y provoca el consabido resbalón... De ello a construir prótesis para articulaciones con un bajo coeficiente de fricción sólo hay un paso. ¡Chúpate esa, cine mudo!

  Otro premio interesante, a mi modo de ver, ha sido el de biología. En esta ocasión ha recaído en los participantes de la República Checa. Su estudio sobre el comportamiento canino en el momento de hacer las necesidades ha descubierto algo sorprendente. Al parecer, los cánidos suelen alinear el cuerpo con el campo magnético de la Tierra para hacer "pipí" o "popó". Ya me imagino que a partir de ahora, para montar un "pipícan" en los parques públicos, primero se habrá de consultar a la brújula.

  No puedo dejar de mencionar el fascinante trabajo de la Universidad de Toronto en neurociencia. Han realizado rigurosos análisis mediante resonancia magnética para descubrir qué sucede en el cerebro de las personas que "ven" la cara de Jesucristo en las tostadas. Fascinante.

  O, para hacer patria, no olvidemos reseñar el análisis efectuado por el Institut de Recerca i Tecnologia Agroalimentàries de Catalunya sobre las bacterias existentes en los excrementos de los recién nacidos. El objetivo: utilizar dichas bacterias en la producción de salchichas fermentadas. Para abrir boca, vamos.

  Y, cómo no, el galardón de ciencias árticas se lo ha llevado la Universidad de Oslo. Su estudio sobre el comportamiento de los renos cuando ven a seres humanos disfrazados de osos polares ha resultado demoledor.

  Visto lo cual, no me sorprende nada que la Agencia Espacial de Torrelodares de Abajo me haya pedido un ejemplar de mi última novela, "A vuestras mentes dispersas". Desean estudiar el comportamiento de los astronautas al (intentar) leer la obra en el espacio. Aunque ya me barrunto el resultado: hasta en gravedad cero mi novela sigue siendo igual de mareante...

  Me temo que jamás ganaré el Premio Planeta, por ejemplo. Eso sí, puedo ser el primer escritor acreditado con un Premio Ig Nobel de Literatura.

 ¡Toma ya!

  Dame premio y dime tonto.


jueves, octubre 09, 2014

¿Pero hubo alguna vez mil lectores?

  Ya ha estallado (sí, sí, es-ta-lla-do) la Feria del Libro de Frankfurt. Y es que más bien parece el inicio de una guerra a muerte, sin concesiones ni prisioneros.

  Según parece, la Todopoderosa Amazon ha aterrizado con fuerza en Europa. El nuevo invento, Terror de Editoriales, es el streaming para lectura. La cosa va, más o menos, de la siguiente forma: El usuario paga el módico precio de unos 8,99 euros al mes y ello le da acceso ilimitado a leer todos los libros que desee de un amplio catálogo.

  No es mi intención volver sobre el tema de la Propiedad Intelectual y de cómo el autor debería cobrar "algo" (lo que sea) por su obra. Lo que ahora mismo me planteo es: ¿Streaming, España? ¿Lo cualo? Si a ello le añadimos "lectura", tenemos dos conceptos antagónicos. Sin duda es un chiste.

  Y no sólo por los piratas, que aquí más bien son corsarios bajo bandera protectora. Ese es otro tema.

  Según las estadísticas más serias, en este país más del 40 % de los españoles adultos no leen ni un solo libro al año, sea en el formato que sea. Y una gran parte del resto puede que sólo lean uno o, tal vez, dos ejemplares. Tampoco se pasan. Aparte que, con toda seguridad, podemos acertar en los títulos seleccionados. Salvo honrosas excepciones, los libros más comprados (y tal vez leídos) son los títulos mediáticos.

  O sea, que en España se lee muy poco y encima muy mal. La mayoría de los libros adquiridos en un arrebato consumista lucen bajo el nombre de alguien famoso. Alguien que, la mayoría de las veces, ni siquiera lo ha escrito. Por cada "Victus" del gran Sánchez Piñol  hay cien mil obras como "Ambiciones y reflexiones" de la inflada Belén Esteban. Y así nos va.

  Claro que nunca se ha leído mucho, no nos engañemos. Ya en la Edad Media sólo lo hacían las clases altas, y no todas. Algunas ni siquiera se esforzaban en saber leer, ya tenían su lector privado. Ahora, en la era de la Imagen, cuando (casi) todo el mundo sabe, muy pocos pierden el tiempo en hacerlo. La lectura requiere esfuerzo y tesón. ¡Menudo palo! ¿Qué ponen por la tele?

  Hoy en día es más difícil encontrar un/a buen/a lector/a que un/a buen/a escritor/a. Con el tiempo, creo que esta figura, arcaica y artesana, será más valorada. Despertará el pasmo general, como tocarse el codo con la nariz. Puede que hasta realicen shows televisados donde alguien muestre ante el estupor del público su sorprendente capacidad para leer una página sin trabucarse.

  Que entienda lo leído ya será más complicado.

jueves, septiembre 25, 2014

El E-book mató a la Estrella del Best Seller.

  El gran José Antonio Suárez me reta a seguir debatiendo sobre el espinoso tema de los e-books en su vertiente comercial. Sus comentarios en mi Facebook no tienen desperdicio, son directos y los expone con conocimiento de causa. Por algo él es un excelente escritor que se mueve con soltura en el medio. Amén a sus palabras.

  En resumen, y muy a grosso modo, puede decirse que los precios del libro electrónico en Amazon son ajustados y si la gente no los compra es porque la mayoría se ha apuntado a la "moda pirata" del gratis total. De acuerdo... más o menos. Nótese que antes he subrayado dos palabras donde considero se haya el meollo del asunto: "vertiente comercial".

  No nos engañemos, piratas los hay en todas partes, algunos hasta navegan bajo banderas "legales". Y aquí no me refiero a las pequeñas editoriales que luchan con denuedo por seguir adelante, pilotadas por aficionados entusiastas que tratan de editar obras interesantes, arriesgando tiempo y dinero para mantener viva la llama de la Cultura. Una especie en extinción, por desgracia.

  Un servidor, sin ser ni de lejos un Escritor Consagrado, también ha tenido sus pinitos en el tema de publicaciones editoriales. Me han llegado a pagar la friolera de... ¡un céntimo por palabra! Ahora muchos comprenderéis mi sempiterna manía a utilizar monosílabos en mis escritos. Si resulta que la preposición "a", por ejemplo, está tan bien pagada como "esternocleidomastoideo", pues no hay color a la hora de producir... digo... escribir historias. La pela es la pela.

  Y eso nos lleva a la cuestión. ¿Cuánto cuesta un libro, independientemente de su formato? ¿Qué precio es el justo para el artista, el creador de la obra? ¿Por qué dentro del mundo editorial el mercado funciona al revés que en otras artes (a excepción tal vez de la música, la otra hermana pobre)? Es decir, la industria intermediaria, ni siquiera la manufacturera, se lleva la parte del león y para el artista, el autor, queda simplemente la comisión. ¿No habría de ser al revés? El precio neto para el autor, exceptuando una buena comisión para el intermediario. ¡Uy qué he dicho! Ya las editoriales se me tiran al cuello.

  Esto que parece una quimera, con la llegada del e-book se ha convertido en más realizable.Hasta hace poco, el formato papel tenía unos costes determinados que requerían una inversión a veces elevada. Papel, tinta, impresión, maquetación, ilustraciones para la portada (otro colectivo de artistas explotado, no lo olvidemos)... Y claro, cuando una empresa invierte, exige obtener resultados. Lógico, nada que objetar. Pero de eso a llevarse prácticamente todo el beneficio...

  Resulta que el escritor, en el fondo, es un simple asalariado de la Industria Editorial. Su sueldo, paupérrimo la mayoría de las veces, dependerá de factores ajenos por completo a la calidad de su obra. Si la Mercadotecnia apuesta por su obra, se diseñará una campaña de marketing y, mira por dónde, se venderán muchos más ejemplares. Señalo: "se venderán", nada indica que "se leerán". Conozco hasta algunos críticos que "reseñan obras" sin haberlas ojeado siquiera. Les basta con un resumen editorial.

  Sé de alguna Pluma Célebre a quien su Editorial ha ido apuntando a premios varios, ganándolos con pasmosa facilidad. Lo curioso es que la propia persona no sabía que se presentaba hasta que una llamada telefónica de Arriba así se lo ha hecho saber. "Hemos de potenciarte, que tu nombre suene", le dicen. Así, a veces, se gestan los best sellers. ¿Buena o mala Literatura? ¿Alguien piensa que a las editoriales les importa un comino la calidad de lo que venden? Lo que cuenta al final es el resultado de las cuentas.

  Pero la irrupción del formato electrónico está cambiándolo todo. Los lectores (sí, sí, lo juro, existen: yo he visto uno) en su mayoría se siente estafados. Vamos a ver, pongámonos en su piel: yo lo que quiero es leer, no que me saquen los cuartos. ¡Veinte euracos (o más) por un tomo hipertrofiado con papel de enorme grosor, letra que parece maquetada por un disléxico, donde hay infinidad de diálogos repetitivos, personajes planos y argumentos de sobras conocidos! Si tengo la posibilidad de bajármelo Gratis de la web, la tentación es insuperable.

  Como en todo, lo que se impone es una Revolución Cultural. Yo creo que a un precio razonable ( de 1 a 3 euros por una novela "normal") y con un contenido cuidado, atractivo, muchos lectores comprarían sin problemas. La piratería continuaría existiendo, por desgracia, pero sería mucho más residual y (esto es importante) Mal Vista Por La Opinión Pública.

  ¿Y cuánto habría de llevarse el escritor? Depende del trabajo realizado en la creación digital del formato, pero a mí me parece que un 50 % de las ganancias sería el mínimo adecuado. Las empresas dedicadas a tal fin tendrían menos costes y trabajarían (trabajan) con  muchos autores, por lo que sus beneficios aumentarían de forma exponencial. Si el hecho de leer por sí mismo ya cuesta, imaginaos "pagar por leer".

  En definitiva, creo sinceramente que un Nuevo orden está por llegar. Cada vez es más residual la venta de grandes ediciones en papel, esos clásicos Super Ventas con los que acabábamos enderezando la pata de alguna mesa coja. El formato electrónico ha llegado para, poco a poco, ir instalándose en nuestras vidas. Ahora la lucha editorial se ha desplazado hacia el control de su distribución y venta. Y como siempre, el escritor (y el lector) es simple carne de cañón.

  Por mucho que nos pueda pesar, el e-book está matando a la Estrella del Best Seller. Y nosotros que lo leamos.

martes, septiembre 23, 2014

¿Sueñan los escritores con libros eléctricos?

 



  Se veía venir, tarde o temprano tenía que pasar. Si la "fiebre digital" que nos invade ya ha convertido en obsoletos los discos de vinilo, igual que ha barrido a las cintas de vídeo y a los CD's, ¿por qué no iba a hacer lo mismo con los libros de papel ? Así, desde hace un tiempo, los e-books han saltado a escena para acaparar el mercado editorial... ¿O tal vez no? 


  Parece ser que el e-book está encontrando una feroz resistencia, mayor de lo esperado. Según datos oficiales, por cada doscientos libros en papel, sólo se venden unos tres libros digitales. Si a esto añadimos que el volumen de ventas digital es un  escuálido 5 % sobre el volumen total, vamos, que no es para tirar cohetes. La venta de e-books parece estancada de forma irremisible, al menos en nuestro país.

  Claro que en este estudio no se ha tenido en cuenta la piratería. Un dato a tener presente: los e-readers,  esos aparatitos necesarios para leer el formato electrónico,  que aumentan de forma incesante sus ventas. ¿Para qué los compra entonces la gente, por simple capricho o tal vez para leer contenidos pirata? Mucho me temo que va por ahí el asunto. Y es que, no nos engañemos, los e-books legales son caros de c*j*n*s. Muchas veces incluso, rozan el mismo precio que su análogo en papel. Y eso que casi nunca adjuntan nada más, son una copia idéntica del libro impreso en tinta. ¡Vamos hombre! ¿A quién hemos de llamar piratas?

  Para combatir esta huida del público lector comienzan a proliferar empresas con plataformas de alquiler donde existen las tarifas planas. Así, por ejemplo, la empresa norteamericana Oyster te permite leer todo lo que quieras por el módico precio de 7 euros al mes. Su fondo editorial es muy curioso, pues pagan a las editoriales el precio estipulado tan sólo si el abonado llega a leer más del 30 % del libro. Nota para escritores: de lo obtenido un 25 % va a parar al autor en concepto de royalties.

  Otras empresas, como Scribd, sólo pagan una décima parte si se lee menos de la mitad de la obra. Miden hasta casi las palabras que llegamos a leer antes de saltar a otra cosa. Y ahí empieza uno a mosquearse. Porque si este sistema de tarifa plana, con barra libre y lectura analizada, medida y pesada se impone, estaremos un poco más controlados. Que ya lo estamos, no nos engañemos. Conocen nuestros gustos y hábitos lectores mucho mejor que nosotros mismos. El siguiente paso será la creación de "asesores literarios", quienes nos aconsejarán sobre los libros que nos han de gustar. Al tiempo.

  No es de extrañar que hayan aparecido estudios donde se señala el número adecuado de páginas que han tener las novelas de misterio. Así se evita que el lector se canse de la incertidumbre y salte para leer el final directamente, arruinando la recogida de dividendos. Sólo falta eso, que cuando vayas a escribir un libro primero mires las directrices por las que has de moverte, como quien confecciona un vestido a medida. No, me equivoco, en realidad se trata de pret-a-porter.

  A este paso venderán los e-books en las tiendas de ropa, como si fuera bisutería. "Blusa vaporosa de gasa blanca, con el complemento en la cintura de una novela de amor con personajes cálidos y paisajes color pastel que realzan la figura". O "traje gris marengo de recia tela, adornado en la solapa con un thriller intenso de ambiente sórdido y acción a raudales. Ideal para el week-end".

  Y encima con derecho a devolución durante quince días. Si al cliente no le gusta, le reembolsamos el (poco) precio del importe. Eso sí: conserven el ticket de compra, no se admite el retorno del género sin el mismo.

  El mercantilismo da otra vuelta de tuerca a la Literatura. Los escritores han de formar parte del engranaje, ya no se trata de escribir: hay que producir siguiendo las directrices del mercado. Y respetando las tendencias, oiga. Lo de menos es el formato, caramba, se trata de vender al por mayor, sea lo que sea. Papel o libro electrónico, ¿qué importa? ¿Arte? No me j*d*s, que sea atractivo y punto. ¿Estilo? Da igual, el que esté de moda. O eso o no cobras tus migajas del pastel, chato.

  Entonces, ¿sueñan los escritores con libros eléctricos? Mejor con genuinos lectores orgánicos, digo yo. Y si puede ser, que hasta lean mi novela. Puestos a pedir que no quede...

  YA FALTA MENOS DE UN MES:


"A VUESTRAS MENTES DISPERSAS",

   LA NOVELA.

domingo, septiembre 21, 2014

Distopía eres tú.


¿Qué es distopía? --dices mientras clavas

en mi novela tu pupila azul.

¿Qué es distopía? ¿Y tú me lo preguntas?
Distopía... eres tú.
                     

  No nos engañemos, siempre ha sido así. El Infierno viaja con nosotros, se halla arraigado en nuestras propias mentes. No hay escapatoria, a pesar del anhelo de felicidad que nos impulsa. Por ello, muchas veces, nuestros sueños sobre mundos mejores acaban transformándose en auténticas pesadillas. 

  Hagamos un poco de historia. Suele aceptarse a Santo Tomás Moro (Thomas More para los puristas) como el inventor de la utopía. Un servidor prefiere remontarse algo más en el tiempo y darle tal crédito a los griegos, figuras como Platón y su aún imposible República.

  Pero todo ying tiene su yang. Desde antiguo surgió una reacción más pesimista a la forma utópica de ver el mundo. Contra la edulcoración que propugnaba la utopía se alzaron voces (escritos) de pensadores menos crédulos que advertían de los peligros que acechaban en el comportamiento humano. Así, por ejemplo Jonathan Swift en sus Viajes de Gulliver usó la sátira para burlarse de la Nueva Atlántida de Francis Bacon. 

  Y es que la distopía siempre ha sido un toque de atención hacia la credulidad humana. El futuro no tiene que ser necesariamente mejor; de hecho, ni siquiera tiene que ser. Desde los inicios de la ciencia ficción defienden semejante tesis escritores de gran talla como Julio Verne, tal vez quien navegue mejor entre las dos aguas de Utopía-Distopía, el abanderado del pesimismos socialista H. G. Welles, o el gran Jack London con su estremecedora El Talón de Hierro.

  Por supuesto, la época donde se vive influye mucho en el estado de ánimo del escritor y en su obra. Y en el interés de los lectores, todo hay que decirlo. No es de extrañar que en estos tiempos convulsos de Crisis Galopante la Distopía sea la reina del mercado. Incluso la RAE está estudiando incluir la palabra en su Diccionario. Los mundos distópicos nos invaden, siendo unos antítesis de otros.

  El futuro nos ha alcanzado. Las terribles sociedades que fabularon Orwell o Huxley, hoy en día han sido corregidas y aumentadas. El Gran Hermano o la sociedad fordiana, el Ministerio de la Verdad o el soma, todo ha sido superado con creces. El mundo actual puede ser incluso más terrorífico. Entonces, ¿qué nos espera al doblar la esquina y enfrentarnos al mañana?

  Hasta hace poco el mundo, literatura de ciencia-ficción incluida, se enfrentaba a dos grandes disyuntivas: Capitalismo o Comunismo. Ambos sistemas poseían y mostraban a la vez dos caras, una amable y otra aterradora. ¿Cuál saldría vencedora? Si revisamos el funcionamiento político que impera en la actualidad, a grandes rasgos, no podremos menos que sentir un enorme desasosiego. Ambos parecen haberse fagocitado mutuamente, engendrando un hijo que posee todos los defectos de sus progenitores.

  Tras la caída del comunismo ahora mucha gente cree que el capitalismo está igualmente agotado, herido de muerte. Cierto, pero en su lugar está surgiendo algo peor: un comunismo mercantilista, un capitalismo autoritario. En política un bi-partidismo ficticio, el clásico "poli bueno, poli malo", muestra su vasallaje a los poderes fácticos. En economía. un puñado de grandes empresas que controlan el mercado mundial y hacen saltar gobiernos, recortan avances sociales, evaden impuestos. Hoy en día el mundo "globalizado" galopa sin freno hacia una meta incierta, oscura y peligrosa.

  ¿Y en Literatura? Bien, gracias. Hemos superado al gran Bradbury y su mítica Fahrenheit 451. Ciertamente, no se queman los libros. ¿Para qué? Ya no se leen, se desprecian de forma olímpica. O cuando llegan a leerse muchas veces (no todas) son light, como las bebidas muy edulcoradas. La distopía que más se vende en la actualidad es la juvenil. Novelas casi clónicas donde chicos y chicas guapos, sanos y fuertes corren, saltan, nadan y luchan en decorados de cartón-piedra. El premio, al final, es una vida extra. Y vuelta a empezar. Sin discurso de fondo.

  ¿Dónde están las auténticas distopías? Obras que, tal vez de forma pesimista, puede que en tono sarcástico, nos muestren un camino incorrecto por el cual debemos evitar adentrarnos. Obras que intenten hacernos pensar, reflexionar sobre el mundo donde vivimos y las consecuencias de lo que hacemos... o de lo que dejamos de hacer. Los escritores han de sacudir conciencias, o al menos intentarlo.

  Y esos escritores existen, sólo hay que buscarlos.

  Eso sí, mientras tanto, se puede leer mi nueva novela. De hecho, "A vuestras mentes dispersas" tiene algo de distopía. Buena o mala, eso lo han de decidir los lectores.

  En Octubre saldremos de dudas.

viernes, septiembre 19, 2014

El hombre en el castillo.




¡Albricias! Todo está apunto. El "Espíritu del Santo Grial", abrev. Espiral, me ha tocado con su Luz. Apenas queda un mes (Octubre 2014) para que mi novela "A vuestras mentes dispersas" salte desde el Mundo de las Ideas a la Realidad tangible donde habitamos. Esperemos que su alumbramiento entre nosotros sea un éxito...

Un escritor es una especie de monje y a la vez guerrero. Como un Templario, consagrado en cuerpo y alma a derrotar las ingentes hordas del Tedio que nos asaltan. Su lucha es contra la Nada, el Vacío donde moran los monstruos más terribles que existen: el Abandono, la Resignación y la Mediocridad.

Creédme, no es tarea fácil atacar la guarida de la Bestia armado tan sólo con la Palabra. Hay que ser un verdadero dominador de su manejo, de lo contrario uno mismo puede herirse de gravedad. Conozco a más de uno que ha muerto cortado por el filo de su propio léxico, incapaz de realizar un molinete de frases con estilo y eficacia.

El camino de la Literatura se halla atestado de cadáveres putrefactos. Eran, pretendían serlo, grandes escritores. Pero algunos, incluso desde la primera escaramuza, han caído heridos de muerte, enfangándose en charcos nauseabundos de su propia letra. Borbotones de tinta purulenta han rezumado de sus párrafos abiertos, destrozados por la propia inexperiencia en el manejo del Verbo. Muchos eran autores entusiastas, pero resultaron en exceso reiterativos, sobreadjetivados, con párrafos planos y pesados. Todos ellos han sufrido un precipitado fin.

Alguno, afortunado, ha hallado un alma caritativa que en parte ha mitigado su dolor, aliviándole al comprar algún que otro libro. Otros, los más desgraciados, se han topado con ladrones y oportunistas. El campo se halla repleto de falsos caballeros, más bien carroñeros, quienes se acercan con sigilo para arrebatar los escritos a los vencidos, sin importarles el esfuerzo realizado, mofándose de ellos y abandonándoles a su triste suerte.

Mientras tanto, yo sigo en mi castillo, meditando y velando armas, preparándome para emprender el largo viaje hacia mi destino final. Tras un largo camino por la senda de la Literatura me aguarda la Lucha Suprema. ¿Cuál será mi destino? ¿Caeré abatido antes de llegar, yaceré destrozado en uno de los sombríos recodos del camino? ¿O tal vez, por alguna extraña burla del Destino, lograré llegar al final de la meta? Entonces, ¿seré capaz de enfrentarme a los monstruos, sentiré sus colmillos mediáticos clavarse en mi prosa con saña? ¿Harán girones de mi obra? ¿O tal vez, oh maravilla, logre ser vencedor de la batalla? Lo peor es acabar siendo otro pobre cadáver sobre la inmensa pira de muerte y abandono, un nuevo tributo a la presunción literaria. Nadie lo sabe.

De momento, aguardo en una tensa espera. Sigo en mi castillo.