Capitulaciones del intelecto

Desde el momento en que cogí su libro me caí al suelo rodando de risa. Algún día espero leerlo.

Groucho Marx.

sábado, junio 17, 2006

Matadero número 5



Fue Gandhi quien preguntaba cómo podíamos explicar qué hacen esos cuerpos muertos en nuestro congelador, víctimas de otra guerra no declarada. Los humanos criamos a los animales para sacrificar a sus hijos y hemos convertido nuestros estómagos en una tumba para ellos, como bien dijo Leonardo Da Vinci. Leo el inquietante libro Jaulas vacías, del pensador Tom Regan (y no Reagan, por favor). Así me entero (acepto al fin) que todos los animales, las vacas, los cerdos, los perros, los gatos, todos, también sufren tanto física como psíquicamente. Y nosotros, que no tenemos escrúpulos en torturar a seres humanos, sin duda no se lo ponemos nada fácil.

Una vez, por cuestión de trabajo, visité un matadero... y "sólo" era de pollos. El encargado, de forma muy amable, me lo enseñó todo. Sólo puedo describir aquello como un Auschwitz en miniatura. Ponerte metafóricamente en la piel (en las plumas) de un pollo resulta aterrador. Pero también están los terneros, que viven meses enteros inmovilizados en cajones de madera para que su carne tenga "mejor sabor". ¿Y qué pasa en las porquerizas? Los suelos de estos lugares suelen ser de cemento o de metal, lesionándoles las patas a los pobres animales. Y eso que los cerdos tienen el mismo nievel cognitivo de los chimpancés...

Se estima que cerca de un 70 % de los animales a sacrificar, a causa del polvo y el amoníaco que llena el aire de las granjas, padecen pulmonía cuando son sacrificados. Aunque en teoría son aturdidos antes del degüello y su posterior lanzamiento a un tanque de agua hiviendo, en la mayoría de los casos son arrojados todavía conscientes a su ebullición... Qué horror. Se me ocurren muchas palabras, pero ninguna es suficientemente descriptiva.

No soy vegetariano de pro, ni creo que vaya a convertirme. Creo que debemos comer carne, necesitamos de sus proteinas, tal vez algún día se pueda sintetizar sin necesidad de matar. Ya hubo en su día ciertos experimentos que convertían el petróleo en filetes, aunque no me parece nada atractivo. De momento, ya que hemos de sacrificar animales, al menos tendríamos que aprender a no ser tan crueles con nuestros compañeros en el planeta.

Que el ser humano es un desatre queda patente en la nueva película de Werner Herzog, ese genial director alemán que sabe tratar personajes tan especiales (Aguirre, Fitzcarraldo...). Su cine es un tratado sobre la locura, la obsesión de seres atormentados que chocan abruptamente con el entorno. Así ahora nos llega Grizzly man, un film basado en la historia de un personaje auténtico, el naturalista Timothy Treadwell. Este hombre, tras huir de la droga y muchos infiernos particulares, vivió trece largos años entre los osos pardos de Alaska, documentando y explicando sus vivencias.. hasta que uno de ellos se lo zampó junto con su novia.

Repito: el ser humano no sabe convivir con el resto de la naturaleza. El caso de Treadwell es una clara muestra. Hemos disneylizado tanto a los animales que no entendemos nada, pensamos que son juguetes o que se mueven por las mismas premisas que nosotros. Creemos que por ir a hacerles monerías y cucamonas van a cambiar y serán nuestros "amigos", nuestras mascotas. Pues no señor, si el hambre aprieta hasta un naturalista y su compañera pueden ser considerados un buen manjar. ¡Qué poco aprendió el tipo en trece años!

Y así nos damos cuenta que todos vivimos en un inmenso matadero, donde podemos pasar de comedores a comidos en un plis plas. Pero al menos los animales no nos engordan ni maltratan antes de zampársenos. ¿Tal vez porque son más humanos que nosotros?

Todo es posible en este matadero número cinco.

9 comentarios:

Anónimo dijo...

El hombre esta hecho para saltarse las leyes de la naturaleza y el animal no. No es una excusa de nuestro comportamiento es una realidad. No nos respetamos ni a nosotros ni a los demás cómo lo vamos a hacer con los animales.

escritor1 dijo...

De acuerdo con todo, menos con lo de "el hombre está hecho..." El hombre se hace, y a este paso también se deshace a sí mismo. O aprendemos a respetar la Naturaleza, o al final la Naturaleza tampoco nos respetará.

Suskiin dijo...

Todo eso que explicas es lo que siempre me lleva a pensar que me tendría que hacer vegetariana. Lo malo es que me sigue gustando la carne y aún no he sido capaz de superar la barrera de dejar de comer carne. Si algún día me hago vegetariana, seré ovolactovegetariana probablemente, porque mi vasito de leche y mi tortilla con queso no quiero que me la quite nadie.
Tengo una amiga que es vegetariana y la carne ni verla, vamos.
Os remito a este artículo sobre vegetarianismo del amigo Rafa que puede resultar interesante:
Vegetarianismo
Estoy casi de acuerdo con Sonia salvo que el hombre no está hecho para saltarse las reglas... se las salta y punto, y luego se queja cuando viene un tigre y se lo come. De todas formas, para aprender a respetar la naturaleza primero hemos de respetarnos a nosotros mismos y eso... lo veo complicadillo.

escritor1 dijo...

Ahí está el problema, que somos básicamente carnívoros. Se trata de encontrar un equilibrio, comer de carne sólo lo justo y no hacer sufrir a los animales, Hasta que seamos capaces de sintetizar el alimento, que también (¿se nota mi vena de ci-fi?). Yo soy partidario de comer más vegetales, pero... ¿sufren también los vegetales, ey?
Y en cuanto al hombre... acabaremos como en "Soylet Green" ("Cuando el destino nos alcance"), comiéndonos nuestros propios muertos.

Suskiin dijo...

A ver si acabaremos como las vacas locas...
Tampoco se trata de si sufren las plantas o los animales, que bien los leones se comen a las gacelas, las vacas comen pasto y los osos hormigueros comen idems. El caso está en conseguir un cierto equilibrio, como tu dices, y quizá encontrar una forma menos agresiva de matar animales. Claro que eso encarecería el producto. Si a eso le sumamos que un montón de gente no tiene que llevarse a la boca, el problema alimenticio no está sólo en el sufrimiento de los animales, también en la mal repartición de los recursos alimenticios y en que mientras unos pueden cebarse, otros padecen una anorexia obligatoria.

escritor1 dijo...

Pues lo de las vacas locas tiene sus bemoles. Resulta que los pescados de las piscifactorías, esos que nos venden a precio de oro y no saben a nada, son alimentados con piensos de origen animal.... de las famosas vacas. O sea, que También comiendo pescado uno puede coger la enfermedad.
Aquí los únicos que se ceban son los cuatro desgraciados de siempre, los que controlan el cotarro.

Anónimo dijo...

Me parece muy notable la película de Herzog, pero he leído que existen dudas sobre si el caso es auténtico o ha sido una invención de su director.

escritor1 dijo...

Sí, también he oído dicha teoría. Pero no importa, tanto si la peripecia del personaje es auténtica como si todo es un montaje tipo "Proyecto Bruja de Blair", se trata de una gran película. El mensaje queda intacto. Y eso, al final, es lo que cuenta.

Anónimo dijo...

Ocurrió de verdad. Está documentado